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Arrogancia y moderación
Por: Efraín Quiñonez León
domingo, 26 de julio de 2026
Tiro Libre
Las auto alabanzas denigran a quienes las expresan. Los gobernantes de Morena no tienen pudor alguno para transitar de escándalo en escándalo. Mientras dicen gobernar por amor a la patria (pobre patria y sentimientos tan nobles desgastados por políticos sin escrúpulos), se acumulan excesos en algunos dirigentes y funcionarios que pretenden, al menos declarativamente, hacer la diferencia. Es verdad que no todos los morenistas cuadran en semejante perfil de la excentricidad, pero resulta casi inevitable ubicar el juicio lapidario en quienes ostentan los cargos públicos por esa línea política. Pero Morena es un amasijo muy diverso de corrientes no siempre compatibles que se adhieren simplemente por el interés pragmático de acceder al poder.
El expresidente López Obrador hacía alarde de su autocontención, pero quienes arribaron con él más pronto que tarde olvidaron la máxima que el mentor y guía moral inculcaba en sus mañaneras, cual si fueran auténticas homilías para catequizar y reiterar los códigos morales que deben regir la conducta de los renovados hijos de la patria. Predicar desde el púlpito de las mañaneras consistía en la reiteración de un catecismo empaquetado en tres frases contundentes que sintetizan el ideario: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo. Y, sin embargo, no se necesitó mucho tiempo como para saber que la retórica presidencial se desdibujaba frente a los casos de corrupción y los despropósitos de algunos de los funcionarios del gobierno del cambio.
Con la llegada de Morena a los cargos públicos de mayor relevancia, retornan los viejos modelos priistas con que se manifiestan los deseos de trascendencia. Tan sólo por el hecho de haber llegado al poder, la nueva clase política no espera que sus obras hablen por ellos. Jactanciosos, como lo más granado del régimen revolucionario y autoritario que padecimos durante al menos 7 décadas, colocan en el imaginario colectivo la banalidad que significa su propensión al auto elogio. Aún si se tratase de la inversión de sus propios recursos, peor si se trata de inversiones que resultan de las contribuciones ciudadanas, sus decisiones no solamente implican un despropósito sino un absurdo.
En los últimos días, el espacio público en los medios tradicionales y no se diga en las redes sociales, se comenta acerca de las obras que lleva a cabo el gobierno de Veracruz a fin de remodelar el palacio de la calle de Enríquez. Sería ocioso discutir sobre la pertinencia o no de semejantes reparaciones, toda construcción (y no se diga las oficinas públicas que tienen un uso intensivo) requiere acciones de mantenimiento cada cierto momento. No obstante, sí resulta de interés público discutir los costos, sobre todo en función de la multiplicidad de carencias existentes en la entidad. Es verdad que Morena paga las facturas de una inercia que vienen al menos de los últimos gobiernos del PRI en Veracruz, pero precisamente eso es lo que debe ser el incentivo no solamente para hacer sino, también, para planear y ser eficientes en el gasto.
La gobernadora, Rocío Nahle, cree que antes de ser evaluada por los ciudadanos merece materializar su autoreconocimiento invirtiendo millones de pesos del presupuesto de Veracruz, en la remodelación del edificio que alberga su oficina y, en especial, ha sido casi la arquitecta de la remodelación de un salón que llevará su nombre, tal y como se difundió a través de los medios.
Sin embargo, cabe la hipótesis de que la gobernadora, con el fin de provocar a la prensa y llamar la atención, no solamente haya mencionado que los costos son muy superiores a los 60 millones, como se ha manejado públicamente sino que, además, dijo que uno de los salones remodelados llevaría el nombre de “la primera gobernadora de Veracruz”, cosa que negó un día después. Finalmente, todo parece indicar que el citado espacio recibirá las aguas bautismales de la Cuarta Transformación invocando a doña Leona Vicario, personaje relevante de la guerra de independencia que nos liberó de la Corona Española.
Más allá de estas polémicas que solamente alimentan el morbo, lo cierto es que el tema debería ser discutido tanto por el hecho de aplicarse recursos públicos, la decisión tomada y la definición de prioridades, el modelo de comunicación que se instaura a partir de la acción de cada uno de los actores que intervienen en el espacio público (se polemiza sobre el particular con escasa profundidad, cuando ocurren otros problemas sin duda más trascendentes; como el asunto de la seguridad, por ejemplo. Solamente por mencionar un caso, hace una semana se informó que se suspendía una Feria ganadera en Túxpam porque no solamente no hay garantías de seguridad sino que, peor aún, habían indicios de extorsión sobre los expositores); entre otros aspectos que entraña un asunto de esta naturaleza. Mientras tanto las carreteras de la entidad carecen de mantenimiento adecuado para su conservación y tránsito eficaz, que parece un campo minado por el estado deplorable de sus caminos. Bajo estas condiciones los riesgos para los ciudadanos se incrementan y esto no solamente tiene impactos económicos sino, también, humanos. Lo sabremos con mayor precisión cuando INEGI actualice los datos sobre accidentes de tránsito en Veracruz.
Más allá de sus despropósitos, los gobernantes se sienten intocables e inmunes a la crítica, como si los ciudadanos no tuvieran motivo alguno para reclamar por sus inopinadas decisiones. Parece que el hecho de llegar al poder ofreciera a esta nueva estirpe del autoritarismo y el disimulo, otorgara inmunidad a sus acciones que no admite el escrutinio de sus gobernados porque se les acusa de pretender “golpear al gobierno”.
Si bien la sensatez imperó en el debate público, la verdad es que el asunto puede ser tratado desde mejores posturas analíticas que contribuyan tanto a mejorar las acciones de gobierno, como a la calidad de la crítica que, en aras de la claridad y la profundidad de su escrutinio, permita reconocer aciertos y errores que en toda práctica es potencialmente posible e incluso inevitable. |