México: 40 años de rescatar y reintegrar monos nativos en la selva veracruzana
Proyecto de de científicos ha logrado rescatar y reintegrar más de 200 monos aulladores y araña en reservas de Los Tuxtlas, Veracruz.

Por: Flavia Morales/Mongabay Latam 


En medio de la selva, un rugido profundo rompe el silencio. Es un sonido conocido por los habitantes de la región Los Tuxtlas, al sur de Veracruz, y que puede escucharse a más de tres kilómetros de distancia. Se trata de los monos aulladores, de las especies Alouatta palliata Alouatta pigra, que utilizan este llamado para marcar territorio y comunicarse entre grupos.


Aunque estos animales están protegidos en México y su presencia comienza a ser más frecuente en algunas zonas, los monos aulladores continúan en riesgo debido a la pérdida de su hábitat y su venta ilegal. 


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De hecho, la Reserva de la Biosfera de los Tuxtlas reporta, según su programa de manejo, una disminución poblacional de estas especies que va de un 74 % a un 84 %, principalmente por la deforestación.


Los primates en México cumplen un papel esencial en la conservación de los ecosistemas tropicales. Los monos araña (Ateles geoffroyi) y aulladores son considerados dispersores clave de semillas, lo que contribuye al mantenimiento de la diversidad de árboles y la estructura de los bosques. Además, al requerir amplias áreas bien conservadas para sobrevivir, funcionan como especies indicadoras, que permiten evaluar el estado de los ecosistemas y orientar estrategias de conservación.


En medio de la selva, un grupo de científicos de la Universidad Veracruzana (UV) inició un proyecto clave para la conservación de estas especies. Primero crearon reservas para lograr mejores condiciones para los primates y luego incorporaron el rescate de primates del tráfico ilegal. Así, han logrado la conservación de más de 200 monos araña y aulladores en la región.


""Mono aullador negro (Alouatta pigra) en Isla Agaltepec, en Catemaco. Foto: Oscar Martínez


Cuatro décadas de trabajo científico


La recuperación de estos primates no es reciente. La Universidad Veracruzana lleva más de 40 añosimpulsado este proyecto, que inició en la década de 1980 con investigaciones y el resguardo de tres islas de la laguna de Catemaco: Agaltepec, Tanaxpillo y Totogochillo. El trabajo luego evolucionó hacia programas de rescate, rehabilitación y liberación de especies nativas de monos.


El director del Instituto de Neuroetología, Jorge Morales Mavil, explica que los primeros estudios se realizaron en la isla de Totogochillo con monos macacos (Macaca Mulata), una especie exótica introducida desde Asia, en un esfuerzo conjunto entre la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la UV. Estos trabajos marcaron el inicio de la primatología en México, pero con el tiempo el enfoque cambió hacia la fauna local.


“Se vio la necesidad de estudiar a los monos nativos de México y dejar de enfocarse en especies exóticas”, dice Morales.


En recorridos por la Reserva de la Biosfera Los Tuxtlas, los investigadores detectaron que los monos nativos —aulladores y araña— sobrevivían en pequeños fragmentos de selva. La expansión ganadera había fragmentado el ecosistema. En muchos casos, los terrenos eran quemados para crear pastizales, dejando aislados a grupos de primates en áreas reducidas. “Había grupos en espacios de media hectárea, rodeados de potreros; no iban a sobrevivir”, cuenta el experto.


""Laguna de Catemaco. Foto: Oscar Martínez


Ante este panorama, la Universidad Veracruzana impulsó un programa pionero de translocación,mediante el cual los monos fueron trasladados a zonas más seguras. Así se habilitó la isla Agaltepec, como un espacio protegido de ocho hectáreas donde se liberaron los primeros ejemplares en un entorno de mayor extensión y con mejores condiciones para su supervivencia. Hoy en esa isla se conservan y reproducen más de 50 monos aulladores. 


En la década de 1990 el proyecto creció con la donación de un terreno de aproximadamente 220 hectáreas de selva tropical que, junto con terrenos aledaños, conforma un sistema cercano a las 700 hectáreas conservadas. En esta zona se mantienen poblaciones de monos aulladores y araña en libertad, lo que representa uno de los principales logros de conservación en la región.


Con el paso del tiempo, el sitio fue registrado como Unidad de Manejo Ambiental (UMA), lo que permitió recibir ejemplares decomisados por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).


Actualmente, funciona como un espacio de rescate, rehabilitación y reintegración a la vida silvestre de monos que han sido víctimas del tráfico ilegal o mantenidos como mascotas.


Esos esfuerzos han logrado no solo la conservación de más de 200 monos de la especie aullador y araña en la región, sino también garantizar el repoblamiento al conservarlos en espacios altamente protegidos, como las islas y la UMA.


“Hoy tenemos grupos libres que se reproducen y utilizan la selva como hábitat”, dice Morales.


""Más de 200 monos aulladores y araña se conservan gracias al trabajo científico. Foto: Oscar Martínez


Laboratorios naturales para estudiar primates


Además de funcionar como espacios de conservación, las islas del lago de Catemaco y la UMA de la Universidad Veracruzana se han consolidado como laboratorios naturales donde científicos y estudiantes estudian el comportamiento de los primates en condiciones controladas y en libertad.


La investigadora del instituto de Neuroetología Laura Teresa Hernández Salazar, con más de tres décadas de trayectoria, resume el principio que guía este trabajo: “Uno como humano debe pensar que, primero, no se puede conservar algo que no se conoce. Entonces, nosotros necesitamos conocer la naturaleza para entenderla, quererla y cuidarla”.


Este enfoque ha permitido desarrollar investigaciones que abarcan desde la alimentación hasta la percepción sensorial de los primates, con el objetivo de comprender cómo los monos sobreviven en su entorno natural.


Uno de los hallazgos más relevantes fue demostrar que los monos seleccionan su dieta con base en sus necesidades biológicas: “Las hembras cambian su selección de alimento dependiendo de si están gestando o lactando”.


""Científicos trabajan en la Unidad de Manejo Ambiental y la reserva de la UV conservando a los monos aulladores y araña. Foto: Oscar Martínez


Los estudios revelaron que durante la gestación incrementan el consumo de proteínas, mientras que durante la lactancia priorizan grasas, lo que evidencia una regulación nutricional precisa en condiciones naturales.


Otro avance clave fue entender cómo identifican los nutrientes. Para ello, los investigadores desarrollaron pruebas gustativas controladas que permitieron medir su capacidad de percepción: “Fuimos de los primeros en medir la respuesta gustativa en monos araña en el mundo”, asegura Hernández.


Estos experimentos demostraron que los monos pueden detectar concentraciones mínimas de azúcares y ácidos, y que prefieren combinaciones que indican el grado de madurez del fruto, como el equilibrio entre lo dulce y lo ácido.


Las investigaciones también han abordado la cognición, revelando que los monos araña tienen habilidades complejas para resolver problemas, recordar dónde se ubican los alimentos y distinguir cantidades o formas, con capacidades comparables a otros primates altamente estudiados.


Para la investigadora, estos hallazgos trascienden el ámbito académico: “Todos estos estudios no solo amplían el conocimiento científico, sino que son clave para la conservación. Permiten entender qué necesitan los primates para sobrevivir, cómo rehabilitarlos tras el tráfico ilegal y en qué condiciones pueden ser reintroducidos”.


“La conservación no se logra solo protegiendo áreas, sino entendiendo a las especies y generando conocimiento científico. Sin conocimiento, no hay conservación; por eso la investigación es la base de todo este trabajo”, dice la experta.


De la investigación al rescate


El tráfico ilegal de monos en México continúa generando graves daños a las poblaciones silvestres, particularmente en especies como el mono araña, cuya demanda como mascota ha incrementado su captura y comercialización clandestina.


Las cifras revelan que existe un mercado digital abierto, incluso en Facebook, que permite que la flora y la fauna se compre y venda ilegalmente de forma cotidiana sin límites ni regulaciones. Por ejemplo, un mono araña bebé se comercializaba hasta en 2800 dólares, según documentó la organización ambiental Centro para la Diversidad Biológica en 2022. 


Datos de la Profepa, obtenidos por transparencia, revelan que, entre 2010 y 2023, fueron decomisados en México 1288 monos de diversos estados del país. De los animales decomisados, solo un porcentaje menor se encuentra en Unidades de Manejo Ambiental.


Detrás de cada ejemplar decomisado existe una cadena de violencia que comienza en la selva. “Para obtener una cría de mono araña tienen que matar a la madre. Y no solo eso: llegan otros individuos del grupo y también los matan. Por cada cría hay al menos siete monos muertos”, dice Jorge Morales Mávil, el director del instituto de Neuroetología.


""Los monos bebé se comercializan ilegalmente. Foto: Oscar Martínez


Uno de los casos más recientes evidenció esta problemática: nueve monos araña fueron rescatados tras ser transportados en condiciones extremas, hacinados en cajas, deshidratados y en estado crítico en una carretera entre Tabasco y Veracruz.


“Nos entregaron nueve monos; venían en cajas, apretados, deshidratados, muy mal. Uno murió casi de inmediato por las condiciones en las que llegó”, cuenta Hernández.


La investigadora advierte que la rehabilitación en estos casos es larga, pues el impacto continúa tras la captura. Muchas crías llegan con lesiones graves derivadas del desprendimiento forzado, como daños en extremidades o en el sistema nervioso, lo que compromete su movilidad de por vida: “Nos han llegado bebés con los nervios de las patas destrozados; ya no las van a poder mover. Otros llegan con heridas o partes amputadas”, señala.


A ello se suma el trauma por el cautiverio y la deshidratación durante el traslado, condiciones que incrementan la mortalidad en las primeras horas tras el rescate. En muchos casos, los animales no logran recuperarse o quedan imposibilitados para regresar a su hábitat natural.


El proceso de rehabilitación inicia con atención médica inmediata, análisis clínicos y un periodo de observación constante. En el caso de los ejemplares más jóvenes, el cuidado es intensivo: requieren alimentación cada pocas horas, monitoreo permanente y atención directa por parte de especialistas y estudiantes.


“Si son muy pequeños hay que criarlos como bebés, darles alimento cada tres horas, vigilarlos todo el tiempo; es un trabajo de 24 horas durante meses”, explica la científica.


Conforme avanzan, los monos son integrados gradualmente a espacios con vegetación para que comiencen a reconocer su entorno natural, aprender a desplazarse y, sobre todo, identificar qué pueden comer fuera del cautiverio.


La rehabilitación no es inmediata. Puede tomar años.


""Mono aullador negro (Alouatta pigra). Foto: Oscar Martínez


“No es tenerlo un mes y liberarlo. Para una rehabilitación completa hay que enseñarle qué va a comer afuera, cómo moverse y cómo sobrevivir; este proceso puede llevar hasta 10 años antes de poder liberarlo”.


La reintegración también implica riesgos. Los monos deben adaptarse a un entorno donde existen grupos ya establecidos que defienden su territorio, lo que puede derivar en agresiones si no se realiza un proceso adecuado.


Por eso, la reintegración de los monos a la vida silvestre no puede hacerse de manera individual, ya que su supervivencia depende de la estructura social del grupo. Como explica el investigador Mávil, “lo que hay que liberar es un grupo social. No se puede liberar un mono aislado. Primero se forma el grupo al interior de las jaulas. Se tienen que ver, reconocer e interactuar, y entonces ya se libera el grupo”. Ese grupo está integrado por un macho, varias hembras y ejemplares jóvenes.


A pesar de las dificultades, el objetivo se mantiene: devolver a la selva a los ejemplares que puedan cumplir su función ecológica como dispersores de semillas y garantizar condiciones dignas para aquellos que no puedan ser liberados.


La importancia de la ciencia


La labor de los científicos incluye educación ambiental y trabajo con comunidades para cambiar la percepción social sobre los primates que, durante años, han sido vistos como mascotas o atractivos turísticos, sin considerar su papel en los ecosistemas.


La investigadora Laura Hernández recuerda que, en sus inicios, era común encontrar restaurantes de la zona que ofrecían carne de mono, como parte de su menú: “Cuando yo inicié, incluso había restaurantes donde ofrecían carne de mono como algo exótico; hoy eso ha cambiado”.


Actualmente, una de las señales más claras de esta transformación es la reacción de la propia población ante situaciones irregulares: “Hemos visto un cambio en la percepción. Ahora la gente denuncia cuando ve un mono en cautiverio o en condiciones inadecuadas, algo que antes no ocurría”, dice la científica.


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Sin embargo, para Morales la percepción social sobre la fauna silvestre sigue siendo el mayor reto. “No basta con difundir información; hay que sensibilizar realmente a la gente. Y hemos visto que es más efectivo trabajar con los niños y jóvenes porque ellos sí cambian su forma de pensar y pueden influir en sus familias”.


Por ello, el equipo ha reforzado su estrategia de educación ambiental con talleres, visitas escolares y seguimiento en comunidades, buscando no solo informar, sino generar conciencia a largo plazo.


“La conservación no se logra sólo publicando artículos; se logra cuando ese conocimiento llega a la gente y realmente modifica su percepción sobre la naturaleza”, explica el científico.


Otro desafío importante es garantizar la continuidad de los proyectos en un contexto donde el financiamiento no es permanente y la presión sobre las especies continúa.


“Son especies en peligro de extinción y los estudios tienen impacto en la toma de decisiones; por eso hemos tenido apoyo constante de instituciones nacionales e internacionales, pero ese apoyo hay que gestionarlo todo el tiempo”, señala Morales.


Aunque la Universidad Veracruzana cubre la base operativa —como el mantenimiento de instalaciones, personal y cuidado diario de los animales—, el desarrollo de investigaciones depende de convenios y financiamiento externo. En este esquema participan desde agencias internacionales hasta instituciones nacionales, lo que ha permitido sostener líneas de estudio durante más de tres décadas.


“La universidad nos da lo básico», dice Morales, «pero nosotros tenemos que salir a buscar los recursos para investigar; ha sido un esfuerzo constante durante años, con apoyos de distintas dependencias y organizaciones”.


Además del respaldo institucional, el trabajo en campo involucra a actores locales, como lancheros y comunidades de la región, que facilitan el acceso a islas y zonas de estudio. Esta relación ha sido clave para mantener la presencia científica en el territorio y fortalecer la conservación desde lo local.


En este contexto, el futuro de los monos en Veracruz depende no solo de la ciencia, sino de la capacidad de sostener alianzas, asegurar recursos y, sobre todo, transformar la relación entre las comunidades y su entorno natural.


Hoy, el rugido del mono aullador vuelve a escucharse en distintos puntos de la selva veracruzana. Es una señal de recuperación, pero también un recordatorio de que la conservación sigue siendo necesaria.


*Imagen principal: mono araña. Foto: Oscar Martínez