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Xalapa, Ver.- (AVC/Perla Sandoval) Mientras el uso de motocicletas se disparó en Veracruz durante los años posteriores a la pandemia, también aumentó el número de accidentes, lesionados y fallecidos en las calles y carreteras del estado. Sin embargo, especialistas en atención de emergencias advierten que las medidas de prevención y vigilancia siguen siendo insuficientes, en un contexto donde además desaparecieron los operativos de alcoholemia implementados en administraciones anteriores.
Los datos oficiales reflejan la magnitud del problema. El Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud reporta que entre enero y mayo de este año se registraron más de 4 mil accidentes de transporte en vehículo con motor en Veracruz. De ese total, 2 mil 611 involucraron a hombres y mil 415 a mujeres.
A la par, cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran que durante los primeros cuatro meses del año se contabilizaron 339 homicidios culposos derivados de accidentes de tránsito: 88 en enero, 96 en febrero, 75 en marzo y 80 en abril.
En el mismo periodo se reportaron 546 personas lesionadas en hechos viales: 117 en enero, 130 en febrero, 109 en marzo y 130 en abril.
Aunque las estadísticas no distinguen cuántos de estos casos involucraron motocicletas, los cuerpos de emergencia identifican una tendencia cada vez más evidente en las calles de ciudades como Xalapa.
El director del Escuadrón Nacional de Rescate, Vicente Leyva de la Cruz, sostiene que prácticamente todos los días atienden percances donde participan vehículos de dos ruedas.
“Desafortunadamente ahorita andan sin casco, andan dos o tres en las motocicletas y eso da como resultado los incidentes”.
Para los rescatistas, la combinación de exceso de velocidad, falta de equipo de protección e incumplimiento del reglamento de tránsito está detrás de buena parte de los accidentes que terminan con personas hospitalizadas o fallecidas.
Una motocicleta, tres víctimas
La tarde del 23 de marzo, Ángel Uriel, un adolescente de 17 años, cruzaba por el bulevar Xalapa-Banderilla cuando fue embestido por una motocicleta a la altura de la colonia 21 de Marzo. El impacto le provocó una fractura en una pierna. Paramédicos lo trasladaron a un hospital para recibir atención especializada.
De acuerdo con los reportes, el conductor de la motocicleta habría ignorado la luz roja de un semáforo. El accidente no solo dejó lesionado al menor: los dos ocupantes de la unidad también resultaron heridos al salir proyectados contra el pavimento. Días después, la familia del joven inició una colecta para reunir alrededor de 30 mil pesos y cubrir gastos médicos derivados de las lesiones.
El caso resume una constante observada por los cuerpos de emergencia: un solo percance en motocicleta puede dejar múltiples víctimas en cuestión de segundos.
Repartidores y trabajadores, entre los más expuestos
La expansión de los servicios de entrega a domicilio tras la pandemia convirtió a la motocicleta en una herramienta de trabajo para miles de personas. Pero también incrementó su exposición al riesgo.
La madrugada del 23 de abril, un repartidor de aproximadamente 40 años circulaba sobre la avenida Lázaro Cárdenasen esta ciudad cuando perdió el control y se impactó contra un muro divisorio.
Aunque fue trasladado con vida al Centro de Alta Especialidad, horas más tarde falleció debido a la gravedad de las lesiones.
Apenas cuatro días después, otro motociclista murió sobre la misma avenida, a la altura del distribuidor Araucarias. Según los reportes preliminares, perdió el control de la unidad, chocó contra una camioneta y salió proyectado hacia el muro de contención.
El accidente derivó además en la participación de otras motocicletas y dejó a una persona hospitalizada en estado grave.
Los dos casos ocurrieron en una de las principales arterias viales de la capital veracruzana y reflejan un patrón que se repite con frecuencia: motociclistas involucrados en percances de alta energía, generalmente asociados con velocidad y vulnerabilidad física.
Menos vigilancia, más debate
El crecimiento de los accidentes coincide con un cambio en la política estatal de vigilancia vial. Desde el inicio de la actual administración desaparecieron los retenes y operativos de alcoholemia que se realizaban en distintos puntos del estado.
La gobernadora Rocío Nahle García ha defendido esa decisión al asegurar que los indicadores no muestran un aumento significativo de choques relacionados con el consumo de alcohol.
“Hay accidentes pero no es por alcohol, el índice que traemos de choques por alcohol no ha aumentado”.
La mandataria reconoció que existen casos asociados al consumo de bebidas alcohólicas, aunque consideró que el principal problema se encuentra en otro factor.
“Sí (hay) algunos casos en los que han estado tomando pero no es en esa proporción; ha sido por exceso de velocidad, sobre todo en las zonas urbanas”.
También argumentó que la eliminación de los retenes redujo prácticas de corrupción.
“Cuando eliminamos los retenes y los alcoholímetros se acabó la corrupción, bueno disminuyó muchísimo, era una corrupción terrible”.
No obstante, aclaró que no rechaza completamente ese mecanismo.
“No estoy en contra del alcoholímetro, nada más que no se abuse”.
Un fenómeno que sigue creciendo
Para los rescatistas, el problema no se limita al alcohol. La falta de supervisión cotidiana, el uso inadecuado de casco, el exceso de pasajeros y la velocidad continúan siendo conductas frecuentes.
Leyva de la Cruz incluso advirtió que durante eventos masivos o celebraciones deportivas suelen incrementarse los servicios de emergencia relacionados con motociclistas.
“Claro que sí existe ese riesgo, porque aumenta la ingesta de bebidas alcohólicas y mucha gente maneja a altas velocidades”.
Recordó que durante una reciente final de futbol el número de atenciones aumentó entre 20 y 30 por ciento en una sola noche.
Mientras las motocicletas se consolidan como una alternativa de movilidad y trabajo para miles de veracruzanos, las cifras de accidentes, lesionados y muertes muestran que el crecimiento del parque vehicular de dos ruedas ha venido acompañado de un costo humano cada vez más visible en hospitales, calles y carreteras del estado. |