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Alvarado, Ver.- (AVC) En el Día de la Gente de Mar, mujeres pescadoras de Veracruz alzaron la voz para exigir reconocimiento, apoyos y visibilidad dentro de una actividad que durante años ha sido identificada casi únicamente con los hombres, aunque ellas participan en toda la cadena pesquera: desde la preparación de redes hasta la captura, procesamiento, venta y sostenimiento familiar.
El Día de la Gente de Mar se conmemora cada 25 de junio y fue establecido por la Organización Marítima Internacional para reconocer la contribución de quienes trabajan en el sector marítimo al comercio, la economía y la sociedad.
Durante una reunión de la Red del Corredor Arrecifal, pescadoras de Veracruz y de otros estados compartieron testimonios sobre los retos que enfrentan: machismo, falta de programas dirigidos a mujeres, trabajo no remunerado y doble carga familiar.
Para Nancy Lizeth Ochoa , pescadora de cuarta generación originaria de Las Barrancas, Alvarado, la pesca no es solo una actividad económica, sino parte de la identidad comunitaria. Ella es presidenta de la Cooperativa de Pescadores Barranqueña del Golfo y líder del Colectivo de Mujeres Las Bonitas.
“Ser pescadora es nuestra identidad, nuestra raíz, nuestra cultura y con lo que hoy sostenemos a nuestras familias y a comunidades enteras”, expresó. Para ella, uno de los principales retos es que la pesca sigue vista como una actividad masculina, pese a que las mujeres participan en la precaptura, la postcaptura y actividades complementarias.
Ochoa señaló que el trabajo de las pescadoras debe ser reconocido en toda la cadena de valor, no solo en la extracción. Además, advirtió que muchas mujeres enfrentan doble y triple jornada, pues después de largas jornadas de trabajo deben regresar a casa para cuidar hijos, familiares, personas adultas mayores o enfermas.
En El Nacaxtle, Alvarado, Areli Palacios Enríquez forma parte de la cooperativa Mujeres Experimentando, registrada hace 24 años y considerada por sus integrantes como la primera cooperativa de mujeres en el estado de Veracruz.
Areli se define como pescadora de nacimiento. Sus padres fueron pescadores y desde niña aprendió a pescar y a ganarse la vida en el agua. Sin embargo, recuerda que al inicio el principal obstáculo fue el machismo.
“Los hombres decían: ‘¿Cómo creen que van a hacer una cooperativa? Ustedes no van a poder. Eso es para hombres’. Pero pescamos igual que ellos y hacemos el mismo trabajo”, relató. Con el paso de los años, dijo, los hombres de la comunidad comenzaron a reconocer su labor y algunas nuevas generaciones de mujeres ya se integran a la cooperativa.
También desde Las Barrancas, Lucecita Samudio Prieto, integrante del colectivo Las Bonitas, contó que su relación con el pescado viene desde la infancia, pues su madre trabajó en esta actividad. Desde hace 10 años, ya radicada en esa comunidad, se dedica también a la pesca.
Para ella, ser pescadora significa sostener a su familia y mantener una fuente de trabajo. El reto, dijo, ha sido romper con la idea de que las mujeres no pueden realizar labores como tejer redes o jalar redes.
“Luego los hombres piensan que nosotras no podemos tejer una red o jalar las redes, pero para las mujeres no hay nada difícil”, señaló.
El colectivo Las Bonitas, agregó, representa un espacio de trabajo, pero también de acompañamiento entre mujeres. Ahí procesan y venden producto, pero también encuentran una forma de salir del estrés cotidiano y compartir experiencias.
Desde Jonuta, Tabasco, Isabel Castillo Báez, primera presidenta de una federación pesquera en su región, afirmó que desde hace dos años impulsa la dignificación de la mujer pescadora. Aunque representa a alrededor de 4 mil pescadores, dijo que solo cerca del 5 por ciento de las mujeres están organizadas.
Castillo Báez advirtió que muchos apoyos al sector pesquero siguen etiquetados para hombres, pese a que las mujeres realizan labores esenciales como desviscerar, alinear, congelar, salir a pescar de madrugada y cuidar a la familia.
“Esa parte es la que nadie ve”, expresó. También planteó la necesidad de programas específicos para mujeres pescadoras, como apoyos para motores pequeños, capacitación y herramientas que les permitan fortalecer su economía sin abandonar su raíz pesquera.
Los testimonios coinciden en un punto: las pescadoras no buscan ser vistas como apoyo secundario, sino como parte central del sector. En comunidades como Las Barrancas y El Nacaxtle, en Alvarado, las mujeres sostienen hogares, cooperativas y redes comunitarias alrededor de la pesca. |