Alvarado, Ver. (AVC).- El Sistema Lagunar Costero de Mandinga perdió 71.4 hectáreas de manglar entre 2000 y 2023, mientras la fragmentación del ecosistema aumentó y la calidad del agua mostró signos de deterioro, reveló una investigación de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco.
El estudio, elaborado por la bióloga Laura Lisbeth Buendía Buendía para obtener el grado de maestra en Ecología Aplicada, clasificó al manglar de Mandinga, Veracruz, en un estado de conservación vulnerable debido a la pérdida de cobertura, la contaminación, las alteraciones hidrológicas y las presiones relacionadas con el crecimiento urbano.
La investigación determinó que la superficie de manglar pasó de 667.8 hectáreas en el año 2000 a 596.4 hectáreas en 2023, una reducción de 10.7 por ciento y una tasa promedio de deforestación de 0.49 por ciento anual.
Las principales áreas afectadas se encuentran en el norte de la Laguna Larga y en el sector noreste de la Laguna Redonda. La pérdida fue relacionada con la urbanización, apertura de caminos, construcción de plazas comerciales, infraestructura turística y portuaria, actividades ganaderas y modificaciones en el flujo natural del agua.
Manglar quedó dividido en más fragmentos
Además de perder superficie, el bosque de manglar quedó dividido en un mayor número de bloques. En el año 2000 se contabilizaron 49 fragmentos, mientras que para 2023 la cifra aumentó a 119.
Este proceso reduce la conectividad del ecosistema, dificulta su regeneración y disminuye su capacidad para mantener funciones como la protección costera, el almacenamiento de carbono y el soporte de especies pesqueras.
La Laguna Larga presentó las condiciones más críticas, con mayor pérdida de cobertura, fragmentación, modificación hidrológica y baja complejidad estructural de los árboles. Las lagunas Redonda y Grande mantienen bloques de mayor extensión, aunque también registran afectaciones.
Calidad del agua llegó a nivel “pésimo”
El análisis de registros ambientales obtenidos entre 2008 y 2023 también identificó un deterioro progresivo en la calidad del agua.
Durante el invierno de 2008, el sistema presentó condiciones de calidad alta; sin embargo, para el invierno de 2023 el índice utilizado en la investigación alcanzó un valor de 8.39, correspondiente a un estado hipertrófico y una calidad del agua considerada pésima.
Esta condición se relaciona con una concentración elevada de nutrientes, proliferación de organismos microscópicos y reducción del oxígeno disponible. El estudio advierte que la eutrofización prolongada puede afectar el crecimiento de los mangles y disminuir la capacidad del sistema para regularse de manera natural.
También se encontraron residuos sólidos en todas las unidades de muestreo, además de impactos asociados con dragados, cambios de uso de suelo y modificaciones del flujo hidrológico.
Mandinga carece de una categoría formal de conservación
Aunque la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad reconoce a Mandinga como un sitio de relevancia biológica y con necesidades de rehabilitación ecológica, el sistema lagunar no se encuentra dentro de una categoría formal de conservación.
La ausencia de un esquema específico de protección aumenta la vulnerabilidad del ecosistema frente a la expansión urbana y turística, especialmente en la zona próxima a la Riviera Veracruzana.
El Sistema Lagunar Costero de Mandinga se localiza al norte del municipio de Alvarado y está integrado por las lagunas Larga, Redonda y Grande, conectadas mediante esteros. El manglar está compuesto principalmente por mangle rojo, mangle blanco y mangle negro.
Manglar sostiene la pesca de ostión
La investigación también estimó la aportación del manglar a la pesquería del ostión americano, una de las actividades que generan ingresos y alimento para las familias de la comunidad.
Los dos modelos económicos aplicados calcularon que el soporte proporcionado por el manglar a esta pesquería tiene un valor de entre 68 mil 608 y 341 mil pesos por hectárea al año, según los criterios ecológicos y productivos empleados.
El estudio señala que las raíces del manglar funcionan como zonas de refugio y asentamiento para organismos acuáticos, mientras su materia orgánica favorece la alimentación y reproducción del ostión. Por ello, la pérdida del bosque también puede afectar la pesca artesanal, el turismo gastronómico y los ingresos comunitarios.
Como medidas prioritarias, la investigación plantea restaurar los flujos hidrológicos, regular el crecimiento urbano y turístico, recuperar la conectividad entre los fragmentos, establecer una categoría formal de conservación y crear un sistema permanente de monitoreo de la cobertura y calidad del agua.