Xalapa, Ver.- (AVC) Antes de llegar a una vitrina del Museo de Antropología de Xalapa (MAX), una pieza arqueológica atraviesa un proceso que puede incluir excavación, registro, limpieza, identificación, clasificación, catalogación y conservación.
Omar Melo Martínez, curador del MAX y responsable de las colecciones de las Culturas del Centro de Veracruz, explica que los objetos que el público observa en las salas son resultado de un largo proceso de investigación y preservación.
Las colecciones del museo tienen distintos orígenes. Una parte importante procede de proyectos de investigación arqueológica autorizados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Otros materiales se incorporan mediante entregas al Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana, un procedimiento comúnmente conocido como “donación”, efectuado por investigadores, instituciones y particulares.
Cada vestigio aporta información para comprender la historia de las sociedades que habitaron el actual territorio de Veracruz y México, señala Melo Martínez, quien también es académico de la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana.
El contexto del hallazgo también cuenta
Durante una excavación, los arqueólogos no solo recuperan objetos. También registran con precisión el lugar donde fueron encontrados, la profundidad, los materiales asociados y las características del contexto.
Esta información permite interpretar la posible función de una pieza y reconstruir aspectos de la vida, las prácticas y las formas de organización de las sociedades que la utilizaron.
Por ello, el contexto en el que aparece un objeto puede resultar tan relevante para la investigación como el propio vestigio.
No todas las piezas llegan a las vitrinas
Una vez recuperados, los materiales pasan por procesos de limpieza, identificación, clasificación, catalogación y conservación.
Solo una pequeña parte es seleccionada para exhibirse por su relevancia científica, histórica, cultural o educativa.
La mayoría permanece resguardada en las bodegas del MAX, donde continúa bajo estudio, documentación y conservación en condiciones especializadas.
Melo Martínez subraya que cada objeto que llega a una sala representa años de investigación, conservación y trabajo interdisciplinario.
Este proceso permite transformar los hallazgos arqueológicos en conocimiento y compartirlos con la sociedad, al tiempo que se busca garantizar su preservación para las futuras generaciones.