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La pasión futbolera:
ilusión y sentido de realidad
Por: Efraín Quiñonez León
miércoles, 11 de febrero de 2026
Colaboró: Marcelo Quiñones Del Castillo
Tiro Libre
Mi asesor de temas deportivos relacionados con el futbol me dice que alberga muchas esperanzas del seleccionado nacional, pero le interrumpo no con el fin de subestimar su entusiasmo sino, en todo caso, hacerle ver mi largo historial de decepciones con la escuadra nacional. Su espíritu patriótico provoca que se exalte un poco y me recrimine el abyecto comportamiento con que esgrimo críticas al seleccionado nacional. Y lanza su inicial interrogatorio para evidenciar mis insensateces.
¿Has visto jugar a este equipo? ¿A qué jugadores has visto?
Le confieso que mis argumentos no se basan en mi conocimiento de la escuadra que ha armado en esta ocasión del Vasco Aguirre, como tampoco en el desempeño de los jugares que, es verdad, desconozco quienes son. Le confieso que hace mucho perdí la esperanza en el seleccionado nacional porque ya no me provocan emoción alguna ni a favor, ni en contra. Lo que me produce el seleccionado nacional es una indiferencia precautoria. Si le va bien, desde luego que resultará satisfactorio reconocerlo; no obstante si le va mal, pues simplemente no hay daño alguno que pueda reclamarse.
Mis argumentos en contra del equipo que nos representa como país no es producto de lo que esta escuadra en especifico tiene como atributos. En todo caso, mis señalamientos provienen de los muchos años de albergar al menos un desempeño al menos decoroso y no los ridículos que ha menudo caracterizan al seleccionado nacional.
Sin embargo, no siempre ha sido así. Creo que el punto de quiebre en el que empezaron a verse los atributos de los futbolistas mexicanos fue cuando los dirigió, César Luis Menotti. Un técnico cuyas capacidades hacían brillar a sus jugadores, recuperando la idiosincracia del mexicano, como el mismo solía decir. A partir de esta etapa muchos jugadores empezaron a salir del país y competir en otros equipos fuera de México. Hoy en día son relativamente pocos los que triunfan en otras ligas. Para nuestra desgracia el modelo empresarial y sobre todo los empresarios que controlan el negocio del futbol hicieron naufragar un proyecto que lucía prometedor.
Es verdad que Menotti dio la pauta para lo que vendría después porque, estadísticamente hablando, en el poco tiempo que duró en el cargo de director técnico acumuló 5 derrotas, 7 triunfos y la misma cantidad de partidos empatados. Pero la frialdad de los números no refleja el modo que ese equipo enfrentaba sus desafíos deportivos. Hasta daba gusto verlos jugar aunque perdieran los partidos. A nadie nos gusta perder en un juego, es verdad, pero no es menos cierto que hay formas de perder: como héroes o como cobardes. Frases alegóricas con las que pretendemos decir que no es lo mismo perder con dignidad que con indiferencia e incluso displicencia, es decir, sin hacer el más mínimo esfuerzo metal y físico para vender cara la derrota. No hay que olvidar que México venía de ser expulsado de las competencias mundialistas por hacer trampa en la alineación de jugadores, cuyas edades eran violatorias para ser alineados en partidos oficiales debido a que superaban esos parámetros reglamentarios.
El respetable no podía dar crédito a lo insólito que significaba la cancelación de jugar en una competencia mundialista, pues casi cada cuatro años nos preparamos con antelación para disfrutar y, al mismo tiempo, sufrir los partidos del seleccionado nacional. Pero los aficionados no se ensañaron con los jugadores, los verdaderos responsables de semejante cochupo fueron los de pantalón largo, los que tienen el control del dinero y toman las decisiones en corta y en última instancia. A los “jeques árabes” que controlan el futbol mexicano no les dolió en absoluto que los representativos nacionales estuvieran impedidos de participar en competencias internacionales, salvo el hecho de que perdieron recursos por los patrocinios, anunciantes y comercio al por mayor que los equipos nacionales dejan a sus bolsillos por la venta de los derechos de transmisión de los partidos.
En efecto, no es el único técnico que ha conducido satisfactoriamente al seleccionado nacional. Otros técnicos se incorporaron, pero la selección no volvió a ser la misma. Miguel Mejía Barón, continuó los trabajos iniciados por Menotti, pero nuestra suerte estaba echada. La selección jugó razonablemente bien, pero en los momentos importantes volvieron los fantasmas de nuestras inseguridades. El técnico se intimidó, un jugador perdió la cabeza y fue expulsado del partido; mientras Hugo Sánchez, el más efectivo delantero que hemos tenido, calentaba el banquillo de los suplentes. Es cierto que sus mejores días habían pasado, pero cualidades no le faltaban y, a medio gas, podía aguantar todavía al menos media hora de partido al tope. Nuestro mejor artillero en la historia del balompié nacional tenía 35 años. Ciertamente no era un chamaco, pero aún contaba con reflejos y capacidades para horadar la meta contraria. Visto a la distancia, en ese momento fue el técnico quien se achicó y careció del arrojo necesario como para jugar su última carta. Faltó decisión y satanás nos volvió a condenar en una tanda de penales donde ya nos temblaban las piernas.
El Caín de, Luis García, dejó a sus "hermanos" en inferioridad numérica debido a sus frustraciones por la marca casi policíaca de los defensas contrarios que no lo dejaron hacer absolutamente nada. Molesto por los escupitajos, los piquetes de nalga y las mentadas de progenitora en búlgaro que le habían propinado a lo largo de todo el partido, prefirió el destierro que luchar hasta el final y jugar al límite de sus fuerzas. De ahí nuestro destino al precipicio solamente era una cuestión de tiempo. Faltaban cerca de 30 eternos minutos de una cosa que se preveía como una auténtica masacre. No fue tal, la garra de nuestra estirpe brotó quién sabe por qué mano o designio divino, pero nunca apareció el autóctono emperador que habría de conducirnos a la senda del triunfo.
Después de este breve recordatorio, no ha quedado más que una frustrada esperanza de que algún día podíamos volver a jugar como nunca y perder como siempre. En aquellos momentos en que casi alcanzamos la logra del añorado 5to partido, hoy es una invocación perversa para estimular nuestras más íntimas ilusiones de un seleccionado nacional contaminado por la avaricia de quienes lo controlan, la grotesca vanidad de los jugadores y la cuasi contaminación generalizada de los periodistas deportivos constituidos en fantásticos instigadores del morbo.
Debo reconocer que herí los sentimientos de mi asesor en cuestiones futbolísticas porque, a diferencia mía, todavía conserva incólume la esperanza no de llegar a ser campeones, sus ilusiones aún no agreden al realismo, sino de al menos ofrecer un desempeño óptimo en términos deportivos. No obstante, en el momento de nuestra primera entrevista todavía albergaba un mejor desempeño de la escuadra nacional al que ha desplegado en últimas fechas.
Hace unos días me acompañó en un viaje donde tuvimos la oportunidad de volver a tocar el tema, pero lo notaba algo reservado, hasta se podría decir que intranquilo. Parco, como suele ser, no se enganchaba en mis críticas rabiosas por lo que en tantas ocasiones me ha desilusionado, a sabiendas de que en un país de más de 120 millones de compatriotas existe el material humano de talento para afrontar dignamente los retos de una justa deportiva. Pero el sistema que gobierno los destinos del futbol mexicano está corroído hasta la médula por el negocio y las malas prácticas; de manera tal que terminan por ofrecernos un espectáculo mediocre para un público que los jerarcas que lo controlan asimilan como creyentes a los que fácilmente se engaña. Esas son las razones que impiden que los buenos jugadores lleguen a representarnos en el equipo de nuestras desbordadas pasiones.
Ignoro qué lo motivó, pero después de un rato en silencio se sinceró. He de reconocer que tenías razón, me dijo. Y, para no interrumpir su discurso, me dediqué a escuchar su larga disertación de lo que observa como un panorama desolador respecto al seleccionado nacional. Con ese equipo no vamos a ninguna parte, fue lo primero que me dijo. Y fue todavía más contundente: “estamos en el mundial porque somos uno de los países sede; de lo contrario, ni siquiera hubiésemos clasificado en la eliminatoria entre los equipos de la concacaf.
La primera vez que hablamos, me dijo, te respondí de manera inercial y bajo los efectos de mi orgullo nacional lastimado por tus comentarios que, en esos momentos, juzgué extralimitados o una despiadada crítica desde lo que no conocías. Por eso te pregunté acerca de los jugadores y, con sinceridad, me dijiste que no los conocías; pero eso no era un obstáculo para esgrimir tus duras observaciones a las deficiencias estructurales del balompié nacional.
En los últimos días, volvió a la carga, he visto algunos partidos de la selección y tengo que admitir que tienes razón. La selección es un auténtico desastre y no veo entre los jugadores que compartan una idea futbolística, es decir, una propuesta de juego que los identifique, que oriente su desempeño con un propósito y un objetivo claros. Para mi, remató, cada quien juega por su cuenta y cómo mejor le parece.
Coincidimos en que hay talento en México, pero desgraciadamente no estarán en el terreno de juego por la manera en que se gobierna el futbol mexicano, los intereses económicos que lo controlan, que impiden a los nuevos talentos tener oportunidades. Solamente existe un jugador sobresaliente, me dijo. Se trata de Gilberto Mora, pero es muy joven todavía como para tomar una gran responsabilidad en la selección mayor. Es un jugador que brilla en su Club y que, curiosamente, es uno de los equipos que no tiene su sede en la Ciudad de México, sino en Tijuana. Dos jugadores más no harán la diferencia, pese a que pueden tener un buen desempeño, pero se trata de una propuesta futbolística que no veo. Raúl Jiménez, ha tenido una buena temporada y, Santiago Jiménez, aunque en su equipo anterior tuvo actuaciones destacadas, no se ha podido consolidar y, peor todavía, ahora que juega en el Milán, pasan los partidos y no anota. Por lo tanto, nuestra artillería para vencer a los rivales no se encuentra en su mejor momento.
Para cerrar, le informo que la selección mexicana se enfrentará contra Sudáfrica, Corea del Sur y un tercer equipo que esta por definirse, pero que puede ser Dinamarca, Irlanda, Macedonia o República Checa. ¿Cuál es tu pronóstico?
Como ya te dije, no tenemos nada que ofrecer y creo que terminaremos en el tercer lugar del grupo. Sin embargo, la situación es todavía más complicada con los rivales que me has mencionado. Los sudafricanos son buenos y los coreanos tienen una propuesta futbolística que a mi me gusta mucho, además de que son muy rápidos. Es verdad, le digo, la mayoría de sus jugadores o una buena cantidad de ellos juegan en Europa. Finalmente, si el tercer partidos es con Macedonia, quizás podamos hacer algo, alcanzamos un empate o hasta ganamos.
Mientras tanto los mercenarios de la comunicación calientan el fervor patriótico para incrementar sus emolumentos, aunque el futbol ocupe un papel muy secundario, alejado de un sano espíritu de competencia y habrá que esperar brote en otro momento más propicio que el actual un circulo virtuoso en beneficio del propio deporte. |