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Wednesday 22 de July de 2026
Los nuevos partidos y la vieja deuda con la verdad

Actualizado: 2026-06-29

Astrolabio Político


 


Los nuevos partidos y la vieja deuda con la verdad.


Por: Luis Ramírez Baqueiro


 


“La verdad debe imponerse sin violencia”. – León Tolstoi.


La autorización del INE para el registro de dos nuevos partidos políticos nacionales, Somos México y Partido PAZ, abre una nueva rendija en el escenario electoral rumbo al 2027. Sin embargo, más que celebrar automáticamente la ampliación de la oferta partidista, conviene preguntarse si estas nuevas fuerzas vienen a representar una alternativa real para la ciudadanía o si únicamente serán nuevos envases para viejas prácticas.


Somos México nace con un perfil claramente opositor. Su origen se encuentra ligado a la llamada marea rosa, a sectores críticos de Morena y a figuras provenientes del antiguo sistema de partidos, particularmente del PAN, PRD y PRI. Sus rostros nacionales más visibles son Guadalupe Acosta Naranjo, Emilio Álvarez Icaza y Cecilia Soto. En Veracruz, su presencia ha tenido como referentes las asambleas impulsadas en Xalapa y otros distritos, con la participación de los propios Acosta Naranjo y Álvarez Icaza. Su reto será demostrar que no es solo un refugio de políticos desplazados por la nueva correlación de fuerzas.


Partido PAZ, en cambio, tiene otro corte. Se le identifica como una reedición del antiguo Encuentro Social, con raíces conservadoras, vínculos con liderazgos evangélicos y una relación menos confrontativa con la llamada Cuarta Transformación. Sus figuras visibles son Hugo Eric Flores, considerado liderazgo moral del proyecto; Hugo Andrés Flores, además de Alejandrina Moreno, Gonzalo Guízar, Armando González Escoto y Nancy Toriz, mencionados en la presentación pública del nuevo partido. En Veracruz, el nombre de Gonzalo Guízar no es menor, pues conoce el territorio, los códigos políticos locales y las alianzas posibles.


La pregunta de fondo es qué tan atractivas pueden resultar estas opciones para una sociedad cansada. Porque en 2027 no solo competirán contra Morena, PT y PVEM, sino contra el descrédito general de la política. Movimiento Ciudadano ya ha intentado colocarse como alternativa, pero en muchos casos su discurso termina atrapado entre la estridencia, el oportunismo y la falta de cuadros confiables. PAN y PRI siguen cargando sus propios fantasmas. Y ahora Somos México y PAZ deberán probar que no nacieron para administrar prerrogativas, negociar candidaturas o fragmentar el voto.


El bloque gobernante llegará con estructura, territorio, programas sociales, marca política y una narrativa consolidada. La oposición, en cambio, llegará dispersa, urgida de credibilidad y obligada a convencer a una ciudadanía que ya no cree fácilmente en discursos de salvación.


Por eso resulta pertinente el llamado reciente de la Arquidiócesis de Xalapa: los procesos electorales no pueden seguir alimentándose de falsas esperanzas ni de narrativas huecas. México y Veracruz necesitan propuestas asentadas en la realidad, no campañas construidas sobre el miedo, el resentimiento o la promesa fácil.


Somos México tendrá que demostrar que su oposición no es nostalgia. PAZ tendrá que demostrar que su bandera no es simulación. Y ambos deberán entender que la ciudadanía ya aprendió a desconfiar de quienes prometen cambiarlo todo, pero solo buscan acomodarse en la misma mesa.


En 2027 habrá más partidos en la boleta. Eso no significa, necesariamente, que habrá más democracia. La verdadera diferencia no estará en los nuevos logotipos, sino en la capacidad de hablar con verdad, proponer con seriedad y dejar de tratar al ciudadano como un elector manipulable cada tres años.


 


Al tiempo.


 


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Astrobio Político
Luis Ramírez Baqueiro
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  Astrolabio Político ¿La gran confusión? El FAFEF, la Reserva Técnica y el verdadero sostén del IPE. Por: Luis Ramírez Baqueiro “En lo necesario, unidad; en la duda, libertad; y en todo, comprensión”. – San Agustín de Hipona. En política, como en las finanzas públicas, los errores más peligrosos no siempre nacen de la mala fe. Muchas veces surgen de diagnósticos incompletos o de explicaciones a medias. Y cuando se trata del Instituto de Pensiones del Estado de Veracruz (IPE), una interpretación equivocada puede convertirse en un riesgo para la estabilidad de miles de familias veracruzanas. Durante años, el IPE ha logrado recuperar credibilidad, fortalecer su patrimonio y demostrar una capacidad de gestión que parecía impensable hace apenas una década. Sin embargo, detrás de las buenas cifras existe una realidad técnica que no puede ni debe ignorarse: el sistema pensionario veracruzano sigue siendo estructuralmente deficitario. Este punto resulta fundamental para entender el debate que comienza a surgir alrededor de las finanzas del Instituto. De acuerdo con la información financiera disponible, durante 2025 el IPE obtuvo ingresos por 12 mil 467 millones de pesos. De ese total, aproximadamente el 53 por ciento provino de cuotas y aportaciones de trabajadores activos y de los entes públicos incorporados al sistema. La cifra parece robusta. Lo es. Pero también resulta insuficiente para cubrir por sí sola la totalidad de las obligaciones pensionarias. Y ahí es donde aparece un elemento que algunos parecen olvidar o minimizar deliberadamente: el subsidio estatal respaldado en buena medida por recursos provenientes del Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas (FAFEF). Conviene recordar para qué fue creado este fondo federal. Su propósito no se limita a infraestructura o saneamiento financiero general. También contempla expresamente el fortalecimiento de los sistemas de pensiones estatales, precisamente porque los gobiernos locales enfrentan crecientes desafíos derivados del envejecimiento poblacional y del aumento en la esperanza de vida. En el caso de Veracruz, el FAFEF ha sido una pieza estratégica para garantizar la viabilidad operativa del sistema. Durante 2025, el apoyo proveniente de esta fuente alcanzó aproximadamente 4 mil 300 millones de pesos. Para 2026 la cifra ronda los 4 mil 600 millones. Estamos hablando de recursos que representan cerca del 35 por ciento de los ingresos totales del Instituto. No es un dato menor. Por el contrario, es un dato decisivo. Porque si alguien pretendiera presentar la situación financiera del IPE como un sistema plenamente autosuficiente únicamente con cuotas, aportaciones y rendimientos propios, estaría ofreciendo una visión parcial de la realidad. La pregunta entonces resulta inevitable: ¿se le ha explicado con absoluta claridad esta situación a la gobernadora Rocío Nahle García? La interrogante cobra relevancia porque en distintos círculos administrativos comienza a escucharse una narrativa preocupante: la idea de que la Reserva Técnica podría convertirse en una fuente recurrente para financiar obligaciones corrientes del sistema. Y ahí es donde surge el verdadero riesgo. La Reserva Técnica no fue creada para sustituir los ingresos ordinarios ni para reemplazar el respaldo institucional del Estado. Su función histórica consiste en actuar como un mecanismo de protección, una garantía financiera para enfrentar contingencias futuras y fortalecer la sostenibilidad del sistema. De hecho, uno de los mayores logros de la administración actual ha sido precisamente incrementar esa reserva. En diciembre de 2018 ascendía a poco más de mil 222 millones de pesos. Para marzo de 2026 supera los 3 mil 282 millones. Un crecimiento superior al 168 por ciento. Ese fortalecimiento patrimonial constituye una buena noticia. Pero precisamente porque representa una reserva estratégica, su utilización debe analizarse con extremo cuidado. Sería un error considerar esos recursos como una caja de disponibilidad permanente para cubrir déficits estructurales. La lógica financiera es simple: una reserva puede amortiguar problemas temporales, pero difícilmente puede sustituir indefinidamente una fuente de financiamiento recurrente. Por ello resulta indispensable distinguir entre fortaleza patrimonial y autosuficiencia financiera. El IPE es hoy una institución más fuerte que hace ocho años. Tiene mayor patrimonio, mejores niveles de recuperación de cartera, activos inmobiliarios más valiosos y una administración más eficiente. Pero sigue formando parte de un sistema solidario que requiere del respaldo estatal y federal para garantizar el pago oportuno de miles de pensiones. Confundir una cosa con la otra podría llevar a decisiones equivocadas. Y cuando hablamos del ingreso mensual de más de 20 mil pensionados que dependen directa o indirectamente de esos recursos complementarios, las equivocaciones dejan de ser un asunto técnico para convertirse en un asunto profundamente social. Porque el futuro del IPE no depende únicamente de cuánto dinero tiene hoy. Depende, sobre todo, de entender correctamente cómo se financia realmente su presente. Próxima entrega: La reconstrucción financiera del IPE. Cómo el orden administrativo, la recuperación de adeudos, el fortalecimiento de la Reserva Técnica y la valorización de sus activos permitieron rescatar una institución que durante años fue símbolo de incertidumbre. Al tiempo. [email protected] “X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
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