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Wednesday 22 de July de 2026
La pensión: una promesa que tarda treinta años en cumplirse

Actualizado: 2026-07-18

Astrolabio Político


 


La pensión: una promesa que tarda treinta años en cumplirse.


Por: Luis Ramírez Baqueiro


 


“Quien tiene la voluntad tiene la fuerza”. – Menandro.


 


Los sistemas de pensiones representan uno de los mayores desafíos financieros que enfrentan los gobiernos modernos. A diferencia de una carretera, un hospital o una obra pública, cuyos resultados pueden medirse en cuestión de meses, un sistema pensionario sólo demuestra su fortaleza después de varias décadas. Ahí radica precisamente su complejidad: administrar el presente sin hipotecar el futuro.


En una época donde la política suele privilegiar los beneficios inmediatos, las pensiones obligan a pensar con visión de Estado. Cada trabajador que ingresa al servicio público comienza, desde ese primer día, a construir un derecho que ejercerá treinta o cuarenta años después. Ese simple hecho convierte a los institutos de pensiones en una de las instituciones más delicadas y estratégicas de cualquier administración.


El problema es que las matemáticas nunca han entendido de discursos políticos.


El envejecimiento de la población, el incremento en la esperanza de vida y la disminución proporcional de trabajadores activos frente al número de jubilados han colocado a prácticamente todos los sistemas pensionarios del mundo bajo una enorme presión financiera. No es un fenómeno exclusivo de México ni de Veracruz; es una realidad global.


En el caso del Instituto de Pensiones del Estado, las cifras muestran tanto su fortaleza como el enorme compromiso que representa administrarlo. Actualmente, alrededor de 98 mil trabajadores activos sostienen el pago puntual de las pensiones de más de 37 mil jubilados y pensionistas, lo que significa que apenas 2.6 trabajadores activos respaldan cada pensión. Esa proporción obliga a mantener un equilibrio financiero permanente.


A ello se suma un patrimonio institucional superior a 6 mil 193 millones de pesos y una Reserva Técnica histórica de 3 mil 211 millones de pesos, recursos que no constituyen dinero disponible para el gasto cotidiano, sino el respaldo financiero que permitirá cumplir obligaciones que seguirán existiendo dentro de veinte o treinta años.


Precisamente por ello resulta indispensable abrir un debate serio, responsable y desprovisto de demagogia sobre el futuro del sistema.


Durante años se evitó discutir un tema políticamente incómodo: la necesidad de establecer topes pensionarios y un salario regulador que impidan distorsiones en el cálculo de las jubilaciones. No hacerlo sería condenar al propio sistema a una presión financiera creciente que terminaría afectando a quienes legítimamente esperan una pensión digna.


No se trata de cancelar derechos adquiridos ni de vulnerar conquistas laborales. Se trata de impedir que casos excepcionales, derivados de esquemas legales concebidos en otras circunstancias económicas o de prácticas que permitían inflar el salario base en la recta final de la vida laboral, comprometan la viabilidad de un sistema del que dependen decenas de miles de familias.


La verdadera justicia social consiste en garantizar que todos puedan recibir una pensión digna, no en preservar privilegios que terminen poniendo en riesgo el derecho colectivo.


Si el proyecto de fortalecimiento que actualmente impulsa el Instituto de Pensiones del Estado avanza con criterios actuariales, responsabilidad financiera y visión de largo plazo, podría convertirse en uno de los logros más importantes del gobierno de Rocío Nahle García. No será una reforma espectacular ni generará aplausos inmediatos, pero sí podría asegurar la estabilidad de uno de los pilares más sensibles de la seguridad social en Veracruz.


En ese contexto, también resulta inevitable observar con cautela las versiones que buscan desacreditar la conducción del Instituto. Más que un debate técnico, en ocasiones parecieran formar parte de una disputa política por recuperar espacios de decisión sobre una institución que durante décadas fue objeto de prácticas discrecionales, opacidad y un manejo que debilitó sus finanzas. La historia reciente de Veracruz demuestra que cuando los fondos públicos se convierten en botín político, quienes terminan pagando la factura son los trabajadores.


Las pensiones no pueden administrarse con ocurrencias ni con cálculos electorales. Exigen disciplina financiera, transparencia y decisiones que muchas veces resultan impopulares, pero necesarias.


Porque la responsabilidad de un gobernante no consiste únicamente en resolver los problemas del presente, sino en garantizar que dentro de treinta años exista todavía un sistema capaz de honrar la promesa hecha a quienes hoy trabajan con la confianza de que su esfuerzo tendrá, llegado el momento, una recompensa digna y sostenible.


 


Al tiempo.


 


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Astrobio Político
Luis Ramírez Baqueiro
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  Astrolabio Político ¿La gran confusión? El FAFEF, la Reserva Técnica y el verdadero sostén del IPE. Por: Luis Ramírez Baqueiro “En lo necesario, unidad; en la duda, libertad; y en todo, comprensión”. – San Agustín de Hipona. En política, como en las finanzas públicas, los errores más peligrosos no siempre nacen de la mala fe. Muchas veces surgen de diagnósticos incompletos o de explicaciones a medias. Y cuando se trata del Instituto de Pensiones del Estado de Veracruz (IPE), una interpretación equivocada puede convertirse en un riesgo para la estabilidad de miles de familias veracruzanas. Durante años, el IPE ha logrado recuperar credibilidad, fortalecer su patrimonio y demostrar una capacidad de gestión que parecía impensable hace apenas una década. Sin embargo, detrás de las buenas cifras existe una realidad técnica que no puede ni debe ignorarse: el sistema pensionario veracruzano sigue siendo estructuralmente deficitario. Este punto resulta fundamental para entender el debate que comienza a surgir alrededor de las finanzas del Instituto. De acuerdo con la información financiera disponible, durante 2025 el IPE obtuvo ingresos por 12 mil 467 millones de pesos. De ese total, aproximadamente el 53 por ciento provino de cuotas y aportaciones de trabajadores activos y de los entes públicos incorporados al sistema. La cifra parece robusta. Lo es. Pero también resulta insuficiente para cubrir por sí sola la totalidad de las obligaciones pensionarias. Y ahí es donde aparece un elemento que algunos parecen olvidar o minimizar deliberadamente: el subsidio estatal respaldado en buena medida por recursos provenientes del Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas (FAFEF). Conviene recordar para qué fue creado este fondo federal. Su propósito no se limita a infraestructura o saneamiento financiero general. También contempla expresamente el fortalecimiento de los sistemas de pensiones estatales, precisamente porque los gobiernos locales enfrentan crecientes desafíos derivados del envejecimiento poblacional y del aumento en la esperanza de vida. En el caso de Veracruz, el FAFEF ha sido una pieza estratégica para garantizar la viabilidad operativa del sistema. Durante 2025, el apoyo proveniente de esta fuente alcanzó aproximadamente 4 mil 300 millones de pesos. Para 2026 la cifra ronda los 4 mil 600 millones. Estamos hablando de recursos que representan cerca del 35 por ciento de los ingresos totales del Instituto. No es un dato menor. Por el contrario, es un dato decisivo. Porque si alguien pretendiera presentar la situación financiera del IPE como un sistema plenamente autosuficiente únicamente con cuotas, aportaciones y rendimientos propios, estaría ofreciendo una visión parcial de la realidad. La pregunta entonces resulta inevitable: ¿se le ha explicado con absoluta claridad esta situación a la gobernadora Rocío Nahle García? La interrogante cobra relevancia porque en distintos círculos administrativos comienza a escucharse una narrativa preocupante: la idea de que la Reserva Técnica podría convertirse en una fuente recurrente para financiar obligaciones corrientes del sistema. Y ahí es donde surge el verdadero riesgo. La Reserva Técnica no fue creada para sustituir los ingresos ordinarios ni para reemplazar el respaldo institucional del Estado. Su función histórica consiste en actuar como un mecanismo de protección, una garantía financiera para enfrentar contingencias futuras y fortalecer la sostenibilidad del sistema. De hecho, uno de los mayores logros de la administración actual ha sido precisamente incrementar esa reserva. En diciembre de 2018 ascendía a poco más de mil 222 millones de pesos. Para marzo de 2026 supera los 3 mil 282 millones. Un crecimiento superior al 168 por ciento. Ese fortalecimiento patrimonial constituye una buena noticia. Pero precisamente porque representa una reserva estratégica, su utilización debe analizarse con extremo cuidado. Sería un error considerar esos recursos como una caja de disponibilidad permanente para cubrir déficits estructurales. La lógica financiera es simple: una reserva puede amortiguar problemas temporales, pero difícilmente puede sustituir indefinidamente una fuente de financiamiento recurrente. Por ello resulta indispensable distinguir entre fortaleza patrimonial y autosuficiencia financiera. El IPE es hoy una institución más fuerte que hace ocho años. Tiene mayor patrimonio, mejores niveles de recuperación de cartera, activos inmobiliarios más valiosos y una administración más eficiente. Pero sigue formando parte de un sistema solidario que requiere del respaldo estatal y federal para garantizar el pago oportuno de miles de pensiones. Confundir una cosa con la otra podría llevar a decisiones equivocadas. Y cuando hablamos del ingreso mensual de más de 20 mil pensionados que dependen directa o indirectamente de esos recursos complementarios, las equivocaciones dejan de ser un asunto técnico para convertirse en un asunto profundamente social. Porque el futuro del IPE no depende únicamente de cuánto dinero tiene hoy. Depende, sobre todo, de entender correctamente cómo se financia realmente su presente. Próxima entrega: La reconstrucción financiera del IPE. Cómo el orden administrativo, la recuperación de adeudos, el fortalecimiento de la Reserva Técnica y la valorización de sus activos permitieron rescatar una institución que durante años fue símbolo de incertidumbre. Al tiempo. [email protected] “X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
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