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Wednesday 22 de July de 2026
El dilema naranja o ¿quién por MC?

Actualizado: 2026-07-16

Astrolabio Político


 


El dilema naranja o ¿quién por MC?


Por: Luis Ramírez Baqueiro


 


“Con las palabras gobernamos a los hombres”. – Benjamin Disraeli.


A casi un año de que arranque formalmente la carrera por la sucesión gubernamental en Veracruz, una realidad comienza a imponerse sobre cualquier especulación: Movimiento Ciudadano sigue siendo un actor con capacidad para alterar la competencia política. Quienes daban por disminuida la influencia de su fundador, Dante Alfonso Delgado Rannauro, a partir de las versiones sobre su estado de salud, parecen haber pasado por alto que el verdadero capital del cordobés nunca ha descansado únicamente en su presencia pública, sino en la estructura política que construyó durante décadas. Su capacidad de operación, directa o indirecta, continúa siendo un factor que nadie en Veracruz puede darse el lujo de ignorar.


Paradójicamente, los nombres que con mayor frecuencia aparecen en la conversación pública como eventuales abanderados naranjas ni siquiera pertenecen a la militancia formal de Movimiento Ciudadano. Esa circunstancia habla tanto de la flexibilidad estratégica del partido como de las limitaciones que enfrenta para consolidar cuadros propios con suficiente competitividad electoral.


En esa lista ha figurado el senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara. Sus críticos dentro de Morena sostienen que durante el pasado proceso electoral mantuvo una conducta que benefició electoralmente a candidatos de Movimiento Ciudadano, particularmente en Poza Rica, alimentando la percepción de una abierta distancia respecto de la dirigencia morenista y del gobierno encabezado por Rocío Nahle García. Esa lectura política, más allá de las explicaciones que el propio legislador pueda ofrecer, continúa persiguiéndolo y ha provocado que muchos lo identifiquen más como un operador funcional a los intereses de MC que como un cuadro plenamente alineado con el proyecto político que lo llevó al Senado.


Otro nombre recurrente ha sido el del exsenador priista José Francisco Yunes Zorrilla. Su cercanía política con Américo Zúñiga Martínez y las versiones sobre la construcción de nuevos frentes opositores alimentaron durante meses las especulaciones respecto de un eventual acercamiento con Movimiento Ciudadano. Sin embargo, el paso del tiempo parece haber enfriado ese escenario. Como ocurre con frecuencia en la política veracruzana, muchos proyectos terminan desinflándose antes de alcanzar velocidad de crucero, mientras sus promotores intentan mantener viva una narrativa que ya no encuentra el mismo eco de otros tiempos.


Quien sí ha sido contundente es José Manuel del Río Virgen, con quién este reportero intercambio puntos de vista al respecto. El experimentado político, exalcalde de Tecolutla, exdiputado federal y actual responsable de la Dirección de Control Interno y Evaluación Técnica en la Auditoría Superior de la Federación, ha descartado públicamente cualquier aspiración a la gubernatura. Después del proceso judicial que enfrentó durante la administración de Cuitláhuac García Jiménez —del que finalmente obtuvo su libertad—, Del Río Virgen parece decidido a cerrar su trayectoria pública concentrado en las tareas de fiscalización y fortalecimiento institucional. A sus 72 años, ha dejado claro que no pretende abordar embarcaciones destinadas a naufragar ni alimentar aspiraciones construidas más desde el deseo ajeno que desde su propia voluntad.


Con ese escenario, Movimiento Ciudadano enfrenta un dilema evidente: encontrar un perfil competitivo sin depender permanentemente de figuras externas. Si las alternativas continúan reduciéndose, no sería extraño que termine apostando por Sergio Gil Rullán, uno de los pocos cuadros propios con presencia estatal y conocimiento de la estructura partidista.


Mientras tanto, la oposición también perfila sus propias cartas. Todo apunta a que, de una u otra forma, al menos dos integrantes del grupo político identificado con el apellido Yunes volverán a figurar en las boletas electorales, manteniendo vigente una disputa que ha marcado buena parte de la política veracruzana durante las últimas dos décadas.


El 2027 será, sin duda, la prueba más exigente para Movimiento Ciudadano en Veracruz. El partido ha enfrentado señalamientos públicos y cuestionamientos por las candidaturas que ha postulado en distintas entidades del país, así como por presuntos vínculos de algunos de sus integrantes con grupos delictivos; acusaciones que han generado debate político y cobertura mediática, aunque deben analizarse caso por caso y conforme a las investigaciones y resoluciones de las autoridades competentes. En política, la percepción pesa, pero no sustituye a la prueba.


La verdadera incógnita no es si Movimiento Ciudadano competirá con fuerza. La pregunta de fondo es si logrará convencer al electorado de que representa una alternativa distinta o si terminará siendo únicamente el vehículo electoral de personajes provenientes de otros partidos que buscan una nueva plataforma para mantenerse vigentes. Ahí, y no en los colores del emblema naranja, estará la verdadera batalla por Veracruz en 2027.


 


Al tiempo.


 


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Astrobio Político
Luis Ramírez Baqueiro
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  Astrolabio Político ¿La gran confusión? El FAFEF, la Reserva Técnica y el verdadero sostén del IPE. Por: Luis Ramírez Baqueiro “En lo necesario, unidad; en la duda, libertad; y en todo, comprensión”. – San Agustín de Hipona. En política, como en las finanzas públicas, los errores más peligrosos no siempre nacen de la mala fe. Muchas veces surgen de diagnósticos incompletos o de explicaciones a medias. Y cuando se trata del Instituto de Pensiones del Estado de Veracruz (IPE), una interpretación equivocada puede convertirse en un riesgo para la estabilidad de miles de familias veracruzanas. Durante años, el IPE ha logrado recuperar credibilidad, fortalecer su patrimonio y demostrar una capacidad de gestión que parecía impensable hace apenas una década. Sin embargo, detrás de las buenas cifras existe una realidad técnica que no puede ni debe ignorarse: el sistema pensionario veracruzano sigue siendo estructuralmente deficitario. Este punto resulta fundamental para entender el debate que comienza a surgir alrededor de las finanzas del Instituto. De acuerdo con la información financiera disponible, durante 2025 el IPE obtuvo ingresos por 12 mil 467 millones de pesos. De ese total, aproximadamente el 53 por ciento provino de cuotas y aportaciones de trabajadores activos y de los entes públicos incorporados al sistema. La cifra parece robusta. Lo es. Pero también resulta insuficiente para cubrir por sí sola la totalidad de las obligaciones pensionarias. Y ahí es donde aparece un elemento que algunos parecen olvidar o minimizar deliberadamente: el subsidio estatal respaldado en buena medida por recursos provenientes del Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas (FAFEF). Conviene recordar para qué fue creado este fondo federal. Su propósito no se limita a infraestructura o saneamiento financiero general. También contempla expresamente el fortalecimiento de los sistemas de pensiones estatales, precisamente porque los gobiernos locales enfrentan crecientes desafíos derivados del envejecimiento poblacional y del aumento en la esperanza de vida. En el caso de Veracruz, el FAFEF ha sido una pieza estratégica para garantizar la viabilidad operativa del sistema. Durante 2025, el apoyo proveniente de esta fuente alcanzó aproximadamente 4 mil 300 millones de pesos. Para 2026 la cifra ronda los 4 mil 600 millones. Estamos hablando de recursos que representan cerca del 35 por ciento de los ingresos totales del Instituto. No es un dato menor. Por el contrario, es un dato decisivo. Porque si alguien pretendiera presentar la situación financiera del IPE como un sistema plenamente autosuficiente únicamente con cuotas, aportaciones y rendimientos propios, estaría ofreciendo una visión parcial de la realidad. La pregunta entonces resulta inevitable: ¿se le ha explicado con absoluta claridad esta situación a la gobernadora Rocío Nahle García? La interrogante cobra relevancia porque en distintos círculos administrativos comienza a escucharse una narrativa preocupante: la idea de que la Reserva Técnica podría convertirse en una fuente recurrente para financiar obligaciones corrientes del sistema. Y ahí es donde surge el verdadero riesgo. La Reserva Técnica no fue creada para sustituir los ingresos ordinarios ni para reemplazar el respaldo institucional del Estado. Su función histórica consiste en actuar como un mecanismo de protección, una garantía financiera para enfrentar contingencias futuras y fortalecer la sostenibilidad del sistema. De hecho, uno de los mayores logros de la administración actual ha sido precisamente incrementar esa reserva. En diciembre de 2018 ascendía a poco más de mil 222 millones de pesos. Para marzo de 2026 supera los 3 mil 282 millones. Un crecimiento superior al 168 por ciento. Ese fortalecimiento patrimonial constituye una buena noticia. Pero precisamente porque representa una reserva estratégica, su utilización debe analizarse con extremo cuidado. Sería un error considerar esos recursos como una caja de disponibilidad permanente para cubrir déficits estructurales. La lógica financiera es simple: una reserva puede amortiguar problemas temporales, pero difícilmente puede sustituir indefinidamente una fuente de financiamiento recurrente. Por ello resulta indispensable distinguir entre fortaleza patrimonial y autosuficiencia financiera. El IPE es hoy una institución más fuerte que hace ocho años. Tiene mayor patrimonio, mejores niveles de recuperación de cartera, activos inmobiliarios más valiosos y una administración más eficiente. Pero sigue formando parte de un sistema solidario que requiere del respaldo estatal y federal para garantizar el pago oportuno de miles de pensiones. Confundir una cosa con la otra podría llevar a decisiones equivocadas. Y cuando hablamos del ingreso mensual de más de 20 mil pensionados que dependen directa o indirectamente de esos recursos complementarios, las equivocaciones dejan de ser un asunto técnico para convertirse en un asunto profundamente social. Porque el futuro del IPE no depende únicamente de cuánto dinero tiene hoy. Depende, sobre todo, de entender correctamente cómo se financia realmente su presente. Próxima entrega: La reconstrucción financiera del IPE. Cómo el orden administrativo, la recuperación de adeudos, el fortalecimiento de la Reserva Técnica y la valorización de sus activos permitieron rescatar una institución que durante años fue símbolo de incertidumbre. Al tiempo. [email protected] “X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
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