Siguenos
Wednesday 22 de July de 2026
Bursatilización: el fin de un negocio que nunca debió existir

Actualizado: 2026-07-16

Astrolabio Político


 


Bursatilización: el fin de un negocio que nunca debió existir


Por: Luis Ramírez Baqueiro


 


“Las acciones correctas para el futuro son la mejor disculpa de las equivocaciones del pasado”. – Tryon Edwards.


Hay decisiones de gobierno que marcan una época. La liquidación definitiva de la bursatilización de los 199 ayuntamientos veracruzanos constituye una de ellas. Más allá del impacto financiero inmediato, esta determinación coloca a la gobernadora Rocío Nahle García como la mandataria que asumió el reto de desmontar uno de los esquemas financieros más lesivos para las finanzas municipales y estatales de las últimas décadas. No es exagerado afirmar que este episodio la colocará en la historia de Veracruz como una gobernadora que privilegió el saneamiento de las finanzas públicas y la recuperación del patrimonio de los veracruzanos, algo que difícilmente se había observado desde las administraciones de Agustín Acosta Lagunes y Patricio Chirinos Calero, gobiernos que hicieron del orden financiero una de sus principales cartas de presentación.


La explicación técnica presentada por el secretario de Finanzas y Planeación, Miguel Santiago Reyes Hernández, resulta contundente. El empréstito originalmente contratado durante la administración de Fidel Herrera Beltrán por mil 208 millones de pesos terminó convirtiéndose en una pesada carga para los municipios. La estructura financiera —indexada a UDIS, con sobretasas superiores al mercado y un esquema de retención permanente de participaciones— provocó que los ayuntamientos ya hubieran desembolsado 2 mil 573 millones de pesos y, de no intervenir el Gobierno del Estado, todavía tendrían que pagar otros 2 mil 266 millones hasta el año 2036.


Los números hablan por sí mismos. No fue un crédito diseñado para fortalecer a los municipios; terminó siendo un negocio extraordinario para quienes diseñaron, administraron y operaron ese mecanismo financiero. Mientras los ayuntamientos veían reducidas año con año sus participaciones, alguien obtenía beneficios de un esquema que jamás fue plenamente explicado a quienes durante años aportaron los recursos.


Pero el dato verdaderamente revelador surgió durante la revisión del fideicomiso. El Gobierno del Estado identificó tres cuentas —de participaciones, soporte y fondo de reserva— que concentraban recursos por mil 85 millones de pesos, dinero que, de acuerdo con la información oficial, nunca fue transparentado ni a los municipios ni al propio Estado.


Y es precisamente ahí donde surge la verdadera dimensión del caso.


¿Quién administró esas cuentas durante más de doce años? ¿Quién tenía el control de esos recursos? ¿Con base en qué disposiciones permanecieron prácticamente ocultos durante tanto tiempo? ¿Quién obtuvo los rendimientos financieros derivados de esos más de mil millones de pesos? ¿Dónde quedaron los intereses generados durante más de una década? Son interrogantes que no desaparecen con la simple liquidación del fideicomiso. Al contrario, ahora adquieren mayor relevancia porque existe evidencia de recursos cuya existencia nunca había sido expuesta públicamente.


Si durante más de doce años esos recursos permanecieron bajo administración de terceros sin conocimiento pleno de los municipios ni del propio Gobierno estatal, entonces el asunto deja de ser exclusivamente financiero para convertirse en un tema que exige transparencia, rendición de cuentas y, en su caso, la determinación de responsabilidades administrativas o incluso legales.


Frente a ese escenario, la decisión política de Rocío Nahle García cobra una dimensión mayor. Recuperar esos recursos, complementarlos con una aportación estatal cercana a los 500 millones de pesos y extinguir de manera definitiva una obligación financiera que habría permanecido vigente hasta 2036 no fue únicamente una operación contable. Fue una decisión de Estado que libera a 199 municipios de seguir alimentando un mecanismo que multiplicó por varias veces el costo original del financiamiento.


El logro tampoco puede entenderse sin reconocer el trabajo institucional realizado por el secretario de Gobierno, Ricardo Ahued Bardahuil, quien construyó los consensos políticos necesarios con los presidentes municipales para alcanzar el respaldo requerido, así como la labor técnica del secretario de Finanzas, Miguel Santiago Reyes Hernández, responsable de estructurar la ingeniería financiera que hizo posible extinguir anticipadamente una deuda considerada durante años prácticamente imposible de liquidar.


Sin embargo, la historia aún no concluye. La recuperación de los recursos y la cancelación del adeudo representan apenas una parte del proceso. La otra mitad consiste en conocer quiénes diseñaron, operaron y administraron un esquema que permitió que durante casi dos décadas los municipios pagaran mucho más de lo que originalmente recibieron, mientras existían cuentas millonarias cuyo manejo permaneció en la opacidad.


Porque cancelar una deuda representa un logro financiero histórico. Pero esclarecer quién convirtió esa deuda en un negocio para unos cuantos será el acto de justicia que Veracruz todavía espera.


Y si ese capítulo también llega a escribirse, la administración de Rocío Nahle García no solamente será recordada por haber liquidado la bursatilización de los municipios veracruzanos. Pasará a la historia como el gobierno que recuperó el control de las finanzas públicas, desmanteló uno de los esquemas financieros más cuestionables de las últimas décadas y devolvió a los municipios recursos que durante años permanecieron atrapados en una estructura profundamente onerosa. En un estado donde por décadas el manejo financiero estuvo marcado por el endeudamiento y la opacidad, este episodio perfila a la actual administración como un referente de disciplina hacendaria y responsabilidad presupuestal, un reconocimiento que no se observaba desde los gobiernos de Agustín Acosta Lagunes y Patricio Chirinos Calero, hace más de cuatro décadas.


 


Al tiempo.


 


[email protected]


“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

Astrobio Político
Luis Ramírez Baqueiro
Entradas
  Astrolabio Político ¿La gran confusión? El FAFEF, la Reserva Técnica y el verdadero sostén del IPE. Por: Luis Ramírez Baqueiro “En lo necesario, unidad; en la duda, libertad; y en todo, comprensión”. – San Agustín de Hipona. En política, como en las finanzas públicas, los errores más peligrosos no siempre nacen de la mala fe. Muchas veces surgen de diagnósticos incompletos o de explicaciones a medias. Y cuando se trata del Instituto de Pensiones del Estado de Veracruz (IPE), una interpretación equivocada puede convertirse en un riesgo para la estabilidad de miles de familias veracruzanas. Durante años, el IPE ha logrado recuperar credibilidad, fortalecer su patrimonio y demostrar una capacidad de gestión que parecía impensable hace apenas una década. Sin embargo, detrás de las buenas cifras existe una realidad técnica que no puede ni debe ignorarse: el sistema pensionario veracruzano sigue siendo estructuralmente deficitario. Este punto resulta fundamental para entender el debate que comienza a surgir alrededor de las finanzas del Instituto. De acuerdo con la información financiera disponible, durante 2025 el IPE obtuvo ingresos por 12 mil 467 millones de pesos. De ese total, aproximadamente el 53 por ciento provino de cuotas y aportaciones de trabajadores activos y de los entes públicos incorporados al sistema. La cifra parece robusta. Lo es. Pero también resulta insuficiente para cubrir por sí sola la totalidad de las obligaciones pensionarias. Y ahí es donde aparece un elemento que algunos parecen olvidar o minimizar deliberadamente: el subsidio estatal respaldado en buena medida por recursos provenientes del Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas (FAFEF). Conviene recordar para qué fue creado este fondo federal. Su propósito no se limita a infraestructura o saneamiento financiero general. También contempla expresamente el fortalecimiento de los sistemas de pensiones estatales, precisamente porque los gobiernos locales enfrentan crecientes desafíos derivados del envejecimiento poblacional y del aumento en la esperanza de vida. En el caso de Veracruz, el FAFEF ha sido una pieza estratégica para garantizar la viabilidad operativa del sistema. Durante 2025, el apoyo proveniente de esta fuente alcanzó aproximadamente 4 mil 300 millones de pesos. Para 2026 la cifra ronda los 4 mil 600 millones. Estamos hablando de recursos que representan cerca del 35 por ciento de los ingresos totales del Instituto. No es un dato menor. Por el contrario, es un dato decisivo. Porque si alguien pretendiera presentar la situación financiera del IPE como un sistema plenamente autosuficiente únicamente con cuotas, aportaciones y rendimientos propios, estaría ofreciendo una visión parcial de la realidad. La pregunta entonces resulta inevitable: ¿se le ha explicado con absoluta claridad esta situación a la gobernadora Rocío Nahle García? La interrogante cobra relevancia porque en distintos círculos administrativos comienza a escucharse una narrativa preocupante: la idea de que la Reserva Técnica podría convertirse en una fuente recurrente para financiar obligaciones corrientes del sistema. Y ahí es donde surge el verdadero riesgo. La Reserva Técnica no fue creada para sustituir los ingresos ordinarios ni para reemplazar el respaldo institucional del Estado. Su función histórica consiste en actuar como un mecanismo de protección, una garantía financiera para enfrentar contingencias futuras y fortalecer la sostenibilidad del sistema. De hecho, uno de los mayores logros de la administración actual ha sido precisamente incrementar esa reserva. En diciembre de 2018 ascendía a poco más de mil 222 millones de pesos. Para marzo de 2026 supera los 3 mil 282 millones. Un crecimiento superior al 168 por ciento. Ese fortalecimiento patrimonial constituye una buena noticia. Pero precisamente porque representa una reserva estratégica, su utilización debe analizarse con extremo cuidado. Sería un error considerar esos recursos como una caja de disponibilidad permanente para cubrir déficits estructurales. La lógica financiera es simple: una reserva puede amortiguar problemas temporales, pero difícilmente puede sustituir indefinidamente una fuente de financiamiento recurrente. Por ello resulta indispensable distinguir entre fortaleza patrimonial y autosuficiencia financiera. El IPE es hoy una institución más fuerte que hace ocho años. Tiene mayor patrimonio, mejores niveles de recuperación de cartera, activos inmobiliarios más valiosos y una administración más eficiente. Pero sigue formando parte de un sistema solidario que requiere del respaldo estatal y federal para garantizar el pago oportuno de miles de pensiones. Confundir una cosa con la otra podría llevar a decisiones equivocadas. Y cuando hablamos del ingreso mensual de más de 20 mil pensionados que dependen directa o indirectamente de esos recursos complementarios, las equivocaciones dejan de ser un asunto técnico para convertirse en un asunto profundamente social. Porque el futuro del IPE no depende únicamente de cuánto dinero tiene hoy. Depende, sobre todo, de entender correctamente cómo se financia realmente su presente. Próxima entrega: La reconstrucción financiera del IPE. Cómo el orden administrativo, la recuperación de adeudos, el fortalecimiento de la Reserva Técnica y la valorización de sus activos permitieron rescatar una institución que durante años fue símbolo de incertidumbre. Al tiempo. [email protected] “X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
Pagina 1 | 2 | 3 > Ultima(5) Siguiente >
AVC Noticias 2013 - Contacto [email protected]Diseño Amarillo Estudio • Programación Sinergia Digital