Siguenos
Wednesday 22 de July de 2026
Somos México: ¿una nueva esperanza o el reciclaje de la vieja política?

Actualizado: 2026-07-02

Astrolabio Político


 


Somos México: ¿una nueva esperanza o el reciclaje de la vieja política?


Por: Luis Ramírez Baqueiro


 


“Los fracasos hunden a los necios; a los sabios, les levantan”. – Eusebio Gómez Navarro.


 


El sistema de partidos en México atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. La hegemonía electoral de Morena y sus aliados ha modificado el tablero político nacional al grado de reducir a expresiones marginales a fuerzas que durante décadas marcaron el rumbo del país. PRI y PAN, antiguos pilares de la competencia democrática, viven hoy una profunda crisis de identidad, liderazgo y credibilidad.


En ese contexto aparece Somos México, instituto político de reciente registro nacional que buscará participar en las elecciones de 2027. Su nacimiento genera expectativas legítimas. Toda democracia requiere oposición, contrapesos y nuevas voces capaces de cuestionar al poder con argumentos, propuestas y una visión distinta del país.


El problema comienza cuando el discurso de renovación empieza a contrastar con los rostros que se asoman para dirigir el proyecto.


En Veracruz ya empiezan a surgir nombres, operadores y promotores que difícilmente pueden presentarse como expresión de una nueva política. Son personajes que durante años encontraron en los partidos tradicionales una forma de vida, no una vocación de servicio. Muchos hicieron carrera transitando cómodamente entre gobiernos, candidaturas, cargos públicos, asesorías y posiciones privilegiadas financiadas con recursos públicos.


No fueron precisamente ciudadanos construyendo democracia desde abajo.


Fueron profesionales del presupuesto.


Con la llegada de la Cuarta Transformación, buena parte de esos espacios desaparecieron. También terminaron privilegios, negociaciones políticas permanentes y viejas prácticas que durante décadas permitieron a muchos vivir alrededor del poder sin generar resultados que hoy puedan presumir ante la sociedad.


Por eso resulta inevitable preguntarse si Somos México será realmente un nuevo partido o simplemente una nueva franquicia para los mismos operadores de siempre.


Veracruz representa quizá el laboratorio más interesante para responder esa interrogante.


La entidad ha sido históricamente una escuela de operadores electorales. Aquí sobreviven viejas estructuras priistas, panistas y perredistas que conocen perfectamente el funcionamiento de los procesos internos, la integración de comités municipales y el control de candidaturas.


No sorprende entonces que muchos de esos cuadros comiencen a acercarse al nuevo instituto político.


Lo preocupante sería que terminaran apropiándose de él.


Porque una cosa es incorporar experiencia política y otra muy distinta entregar el control a quienes la ciudadanía ya rechazó en las urnas.


Toda organización política necesita dirigentes con capacidad, pero también con autoridad moral.


Si el nacimiento de Somos México termina convertido en un desfile de exfuncionarios reciclados, de operadores cuestionados o de políticos que simplemente buscan mantener vigente su carrera, el partido habrá perdido su principal activo antes incluso de competir: la credibilidad.


En los corrillos políticos veracruzanos también comienza a mencionarse la presencia de diversos exmilitantes del PRI vinculados al grupo político de José Francisco Yunes Zorrilla, lo que ha alimentado especulaciones sobre una eventual cercanía futura con este nuevo proyecto. Hasta ahora no existe una definición pública en ese sentido, pero el solo hecho de que dichas versiones circulen refleja el intenso reacomodo político que vive la oposición rumbo a 2027.


Las versiones también encuentran explicación en otro fenómeno político: las dificultades que distintos liderazgos han enfrentado para encontrar espacios de operación dentro de Movimiento Ciudadano, donde las decisiones internas y el control de las estructuras responden a dinámicas propias que no necesariamente permiten la incorporación de todos los grupos regionales.


Si Somos México pretende convertirse en una verdadera alternativa nacional deberá entender una realidad elemental.


Los ciudadanos ya no buscan partidos nuevos con políticos viejos.


Buscan políticos nuevos con ideas nuevas.


Existe una diferencia enorme.


El desgaste de PRI y PAN no obedeció únicamente a derrotas electorales. Fue consecuencia de años de excesos, corrupción, grupos cerrados, candidaturas heredadas y dirigencias incapaces de escuchar a la ciudadanía.


Repetir ese modelo bajo un logotipo distinto sería condenar al nuevo partido a recorrer exactamente el mismo camino.


La oposición mexicana necesita reconstruirse.


Pero reconstruirse no significa reciclar.


Significa abrir espacios a liderazgos sociales, académicos, empresariales, juveniles y ciudadanos que nunca encontraron cabida en los partidos tradicionales precisamente porque éstos terminaron convertidos en clubes privados administrados por pequeñas élites políticas.


La verdadera batalla de Somos México no será contra Morena.


Será contra la tentación de convertirse en refugio de quienes ya tuvieron oportunidad de gobernar, dirigir partidos o administrar recursos públicos sin lograr convencer a la sociedad.


En Veracruz esa prueba llegará muy pronto.


Cuando se defina quién encabezará la dirigencia estatal sabremos si el discurso de renovación era auténtico o únicamente una estrategia para cambiar de camiseta sin cambiar de prácticas.


Porque los veracruzanos no necesitan otro partido convertido en agencia de colocaciones para exfuncionarios.


Necesitan una oposición seria, preparada y honesta que fiscalice al poder, construya propuestas y represente auténticamente a una ciudadanía cansada de las simulaciones.


Si Somos México permite que las viejas estructuras se apropien de su futuro, habrá nacido viejo.


Y en política, pocas cosas envejecen más rápido que un partido que promete cambiarlo todo mientras entrega las llaves a quienes ya fueron parte del problema.


 


Al tiempo.


 


[email protected]


“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

Astrobio Político
Luis Ramírez Baqueiro
Entradas
  Astrolabio Político ¿La gran confusión? El FAFEF, la Reserva Técnica y el verdadero sostén del IPE. Por: Luis Ramírez Baqueiro “En lo necesario, unidad; en la duda, libertad; y en todo, comprensión”. – San Agustín de Hipona. En política, como en las finanzas públicas, los errores más peligrosos no siempre nacen de la mala fe. Muchas veces surgen de diagnósticos incompletos o de explicaciones a medias. Y cuando se trata del Instituto de Pensiones del Estado de Veracruz (IPE), una interpretación equivocada puede convertirse en un riesgo para la estabilidad de miles de familias veracruzanas. Durante años, el IPE ha logrado recuperar credibilidad, fortalecer su patrimonio y demostrar una capacidad de gestión que parecía impensable hace apenas una década. Sin embargo, detrás de las buenas cifras existe una realidad técnica que no puede ni debe ignorarse: el sistema pensionario veracruzano sigue siendo estructuralmente deficitario. Este punto resulta fundamental para entender el debate que comienza a surgir alrededor de las finanzas del Instituto. De acuerdo con la información financiera disponible, durante 2025 el IPE obtuvo ingresos por 12 mil 467 millones de pesos. De ese total, aproximadamente el 53 por ciento provino de cuotas y aportaciones de trabajadores activos y de los entes públicos incorporados al sistema. La cifra parece robusta. Lo es. Pero también resulta insuficiente para cubrir por sí sola la totalidad de las obligaciones pensionarias. Y ahí es donde aparece un elemento que algunos parecen olvidar o minimizar deliberadamente: el subsidio estatal respaldado en buena medida por recursos provenientes del Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas (FAFEF). Conviene recordar para qué fue creado este fondo federal. Su propósito no se limita a infraestructura o saneamiento financiero general. También contempla expresamente el fortalecimiento de los sistemas de pensiones estatales, precisamente porque los gobiernos locales enfrentan crecientes desafíos derivados del envejecimiento poblacional y del aumento en la esperanza de vida. En el caso de Veracruz, el FAFEF ha sido una pieza estratégica para garantizar la viabilidad operativa del sistema. Durante 2025, el apoyo proveniente de esta fuente alcanzó aproximadamente 4 mil 300 millones de pesos. Para 2026 la cifra ronda los 4 mil 600 millones. Estamos hablando de recursos que representan cerca del 35 por ciento de los ingresos totales del Instituto. No es un dato menor. Por el contrario, es un dato decisivo. Porque si alguien pretendiera presentar la situación financiera del IPE como un sistema plenamente autosuficiente únicamente con cuotas, aportaciones y rendimientos propios, estaría ofreciendo una visión parcial de la realidad. La pregunta entonces resulta inevitable: ¿se le ha explicado con absoluta claridad esta situación a la gobernadora Rocío Nahle García? La interrogante cobra relevancia porque en distintos círculos administrativos comienza a escucharse una narrativa preocupante: la idea de que la Reserva Técnica podría convertirse en una fuente recurrente para financiar obligaciones corrientes del sistema. Y ahí es donde surge el verdadero riesgo. La Reserva Técnica no fue creada para sustituir los ingresos ordinarios ni para reemplazar el respaldo institucional del Estado. Su función histórica consiste en actuar como un mecanismo de protección, una garantía financiera para enfrentar contingencias futuras y fortalecer la sostenibilidad del sistema. De hecho, uno de los mayores logros de la administración actual ha sido precisamente incrementar esa reserva. En diciembre de 2018 ascendía a poco más de mil 222 millones de pesos. Para marzo de 2026 supera los 3 mil 282 millones. Un crecimiento superior al 168 por ciento. Ese fortalecimiento patrimonial constituye una buena noticia. Pero precisamente porque representa una reserva estratégica, su utilización debe analizarse con extremo cuidado. Sería un error considerar esos recursos como una caja de disponibilidad permanente para cubrir déficits estructurales. La lógica financiera es simple: una reserva puede amortiguar problemas temporales, pero difícilmente puede sustituir indefinidamente una fuente de financiamiento recurrente. Por ello resulta indispensable distinguir entre fortaleza patrimonial y autosuficiencia financiera. El IPE es hoy una institución más fuerte que hace ocho años. Tiene mayor patrimonio, mejores niveles de recuperación de cartera, activos inmobiliarios más valiosos y una administración más eficiente. Pero sigue formando parte de un sistema solidario que requiere del respaldo estatal y federal para garantizar el pago oportuno de miles de pensiones. Confundir una cosa con la otra podría llevar a decisiones equivocadas. Y cuando hablamos del ingreso mensual de más de 20 mil pensionados que dependen directa o indirectamente de esos recursos complementarios, las equivocaciones dejan de ser un asunto técnico para convertirse en un asunto profundamente social. Porque el futuro del IPE no depende únicamente de cuánto dinero tiene hoy. Depende, sobre todo, de entender correctamente cómo se financia realmente su presente. Próxima entrega: La reconstrucción financiera del IPE. Cómo el orden administrativo, la recuperación de adeudos, el fortalecimiento de la Reserva Técnica y la valorización de sus activos permitieron rescatar una institución que durante años fue símbolo de incertidumbre. Al tiempo. [email protected] “X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
Pagina 1 | 2 | 3 > Ultima(5) Siguiente >
AVC Noticias 2013 - Contacto [email protected]Diseño Amarillo Estudio • Programación Sinergia Digital