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México desde el exterior: un recorrido en corto
Por: Efraín Quiñonez León
domingo, 3 de mayo de 2026
Tiro Libre
Quizás no hemos tocado fondo, pero sin duda llegamos en estos momentos de nuestra historia a un punto de quiebre. Las presiones de Estados Unidos sobre nuestro país no son nuevas, siempre han existido a menudo tirantes, pero igual hemos visto momentos de relativa calma. Desde que llegó al poder, Donald Trump, tuvimos suficientes avisos de que nuestras relaciones atravesarían por momentos tensos. En el segundo mandato del presidente de los Estados Unidos no ha sido la excepción y ha regresado recargado. Aparte del tratado de libre comercio y la inseguridad, tenemos un intenso flujo de personas de nuestro país y que pasan por nuestro territorio con destino a nuestros vecinos del norte. Con otras palabras, nos liga con ellos, para bien y para mal, intensos lazos que van de la economía, la política y la cultura, cosa que ya es bastante.
Salvo los partidarios del presidente norteamericano, ni en México, como tampoco en el resto del mundo se tiene una mejor opinión de él. Trump enarbola un gobierno de extrema derecha que ha desquiciado a todos. Su perfil es irascible, racista, misógino, mesiánico, arbitrario y pretende inaugurar una nueva etapa imperial, cuando el país de las “libertades” muestras signos de decadencia. En su segundo mandato ha puesto especial interés en gobiernos del hemisferio que no le resultan afines, con lo que trata de actualizar la arrogante y vieja idea de “América para los americanos”.
Rayando entre lo irónico y contradictorio, las presiones ejercidas por el presidente Trump están logrando lo que ningún gobierno, como tampoco los movimientos de resistencia recientes han podido: proceder en contra de las redes criminales que operan en distintas regiones del país. Se extraditaron poco menos de 100 líderes del narcotráfico y se han capturado mediante métodos poco ortodoxos y abiertamente violatorios de la ley, a líderes relevantes de las principales organizaciones criminales; otros han sido abatidos. Y esto contrasta con lo hecho en esta materia en las anteriores administraciones del país. No obstante, esto no significa que se hayan tocado las redes de protección política, pues hasta ahora han sido más escándalos que otra cosa.
En ese tono han estado las presiones que han tensado las relaciones bilaterales, pero de ello no pueden exceptuarse los recientes acontecimientos que evidencian la participación de agentes de la CIA en labores cuasi-policíacas y, desde luego, la petición de extradición
del gobierno de los Estados Unidos del gobernador de Sinaloa y una novena más de funcionarios locales y federales.Las reacciones del gobierno mexicano y de los actores políticos involucrados los tomó descolocados, por ello hubo un breve compás de espera y un cruce de amenazas. El gobierno federal apeló a los acuerdos que, según su óptica, fueron violentados y sobre todo centró su atención en “la falta de pruebas” y la defensa de la soberanía. Por ello, vale la pena hacer un breve recorrido al respecto y recoger algunas impresiones de algunos medios de comunicación en el plano internacional.
La BBC, por ejemplo, más allá de recuperar los detalles de las acusaciones que penden sobre el mandatario sinaloense, apunta algunos elementos de la biografía y la trayectoria política de Rocha Moya. En este sentido, destaca su militancia de izquierda desde su tierna juventud, ya que desde los 20 años participaba en grupos con esa orientación ideológica. “Compaginó su carrera como educador y sindicalista con su primer intento por ser elegido como gobernador en 1986, donde fue abanderado por una alianza de izquierdista integrada por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y Corriente Socialista. No obstante, no consiguió más que 2% de los votos”.
Después de esta experiencia frustrada en la disputa electoral se concentró sus actividades en la docencia en la Universidad Autónoma de Sinaloa, de la cual llegaría a ser rector a mediados de los 90 del siglo pasado. Dos años antes del 2000, vuelve a incursionar en la política por invitación del presidente del PRD de ese entonces, Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, de nuevo vuelve a perder quedando en tercer lugar de la contienda.
Pese a estar identificado con las organizaciones de izquierda, eso no le impidió vincularse con los gobiernos priístas de su estado natal. De esta manera, fue colaborador en los gobiernos de, Jesús Alberto Aguilar Padilla y de Quirino Ordaz Coppel.
Con el triunfo en 2018 de, AMLO, ese mismo año solicitó su registro en Morena y el 2021 se postuló como candidato a gobernador, pero desde ese momento ya se habían hecho públicos “informes de la inteligencia mexicana” de que el futuro gobernante tenía nexos con las redes criminales de Sinaloa.
Como se sabe, tres años después sucedió el secuestro de, Ismael Zambada, y de esa momento a la fecha la violencia en aquella entidad norteña no ha cesado la violencia, pese a los esfuerzos que se han hecho en el actual gobierno federal y con el giro que ha tomado el combate al narcotráfico.
La situación, es verdad, no resulta insólita o, mejor dicho, lo sorprendente del caso es, por un lado, el que se acuse directamente por vínculos con el narcotráfico a un gobernante desempeñándose aún en el cargo y, por otro, que las acusaciones resultan tan graves que exhiben lo frágil del actual régimen en torno a la connivencia o los presuntos pactos con las redes criminales que operan en el país; lo cual daña la credibilidad de los gobiernos de Morena que llegaron al poder con el ofrecimiento del combate a la corrupción.
Continuará…… |